El diario de un outsider residente en los arrabales del trimundo

miércoles, 17 de octubre de 2012

Faltan cuatro días -flashbacks y flashforwards

Pues sí, señoras, señores, respetable público: faltan cuatro días para el Triatlón de Cabo de Gata. Y a ratos me siento al borde del abismo y a ratos al borde del gran subidón. A ratos quiero que pase el tiempo y a ratos quiero que se pare el reloj. Cómo han pasado estos meses de preparación específica. Vértigo. Mezcla de sabores y de colores y de sensaciones: unas veces pienso que lo he hecho bien; otras veces pienso, que sobre todo en estas últimas semanas, podía haber dado más el callo. En cualquier caso -curiosa mezcla de flashback y flashforward la que me recorre el cerebro: cuando miro para atrás pienso sobre todo en Segovia (tiradas largas de bici o de run, la piscina de El Espinar, atravesar determinadas fronteras en mis entrenamientos por allí), cuando miro adelante me veo, más que el domingo, el lunes que viene, evaluando la temporada por fin y pensando cómo continuará todo esto la próxima. Tantas cosas que hacer esta semana. Tantas cosas que estoy dejando para el final. Lo mejor de la semana: estoy cuidando el descanso (por demás, podríamos decir, juas) y estoy cuidando mucho la alimentación. Tantas reflexiones y tantas lecturas que me llevan a una frase de resumen: el triatlón no es para débiles. No tiene sentido dudar, prestar atención a las previsiones meteorológicas, plantearse escenas raras, barajar oleajes impensables. No tiene sentido porque no pensar en todo eso forma parte del triatlón. Ahí he dado en el clavo -el mensaje me ha llegado y podemos decir que incluso lo he entendido. Por lo demás, nos vamos a la cama pronto -hoy con Sigur Rós, música para meditar, vídeo para meditar también. Concentración. Visualización. Agua. Mar. Y mucho #palante, que es gerundio (¿o no?).

sábado, 13 de octubre de 2012

Quedan 8 días para Cabo de Gata

Un pequeño homenaje al compañero Francisco Manzano
Pues eso, que nos queda un pelao para debutar en media distancia. Esta semana, entre unas cosas y otras, la preocupación ha marcado mi vida de deportista reflexivo -para empezar, un compañero del Club Triatlón Almería falleció el martes tras ser atropellado cuando entrenaba con la bici. Oyes noticias, lees, sabes que esas cosas pasan -pero cuando algo así le ocurre a una persona con la que has coincidido en carreras, una persona que tiene cara y nombre conocidos, el cuerpo se te corta aún más. Horroroso lo que pasó el martes. Además de eso, que da para reflexiones angustiadas por demás, mis preocupaciones de esta semana han tenido que ver con la falta de ritmo en el últmo mes de entrenos: que si dos competiciones (una de ellas un olímpico, que para mí es ya una proeza), que si trabajo, que si cansancio acumulado, que si ánimo a medio gas por cuestiones familiares, que si pasan los días, que si parón de una semana por laringitis y constipado, así nos hemos plantado en esta semana menos 2 con una mezcla curiosa de sensaciones. Mixed feelings again: esa extraña mezcla de deberes hechos y de páginas a medio rellenar; esa sensación de estar preparado y, a la vez, de poder haber hecho mucho más. Y, claro, es el momento de repasar lo que he hecho y examinar lo que guardo en la maleta con la que me presentaré en boxes el día 21: así, veo que durante julio y agosto no me salté ni un entreno; que septiembre y octubre han sido meses más complicados e irregulares, pero, si considero las dos competiciones que he metido en septiembre como entrenos de calidad, y si considero las últimas semanas bajo el prisma del tapering, las cosas no apuntan tan mal. Sin embargo, si  las comparo con la tralla que se está metiendo el personal para preparar esta prueba, mi maleta sale, sin duda, malparada. Lo mejor de darle tantas vueltas a la cabeza es que, en estos días, he puesto en orden muchas historias deportivas en mi fuero interno y he acabado formulando una visión interesante que me reconforta: soy quien soy, no debo compararme con nadie, hago lo que puedo y eso ya es muchísimo, no me dedico de manera profesional a esto, he hecho hasta el momento 7 triatlones en esta larga temporada (un pedazo de logro frente a los 3 de la temporada anterior).Y, finalmente, algo muy importante: voy a ir a terminar mi primer media distancia, no creo que me deba obsesionar el tiempo que haga -aunque el otro día soñara que lo terminaba en 5h59', si hago más o si hago menos será lo mismo -el podio quedará igual de lejos, el disfrute igual de cerca. Para terminar, un par de notas de tranquilidad y optimismo: ayer volví a sacar la bici después de un parón de bastantes días. Preocupado por las historias que se oyen (ya sabéis, los mitos urbanos del deporte popular: la forma en bici se pierde enseguida), pensé que iba a llevarme una sorpresa desagradable -sin embargo, me salió un entreno decente de 53km a 30 km/h con una subida de 12km. Por otro lado, en el agua he vuelto a constatar que he mejorado en estos meses: mi ritmo sigue siendo muy lento pero soy capaz de hacer tiradas de nado continuo de 1800-2000 metros a 2'20''/100 con un número de brazadas sensiblemente más bajo (28 por 25m) al que tenía hace unos meses. Queda mucho por mejorar, pero algo he avanzado en el camino. Supongo que, a punto de entrar en territorio desconocido, al borde de atravesar una nueva frontera el día 21, hay que centrarse en hacer inventario de equipaje, pero siempre relativizando las carencias y subrayando y multiplicando por tres los logros y las cosas bien hechas. Porque no somos pros. Porque tiene mucho mérito compatibilizar esto con la vida ordinaria. Porque lo hacemos por gusto. Y, por eso, porque nos gusta machacarnos el cuerpo, no tendría ningún sentido autoflagelarnos y machacarnos también la mente.

sábado, 6 de octubre de 2012

Stand-by

Nada más que decir, stand-by
Quedan dieciséis días para mi primer medio ironman y llevo unos cuantos sin entrenar -de hecho llevo oficialmente, públicamente, en standby desde el jueves por la noche, que conseguí, a trancas y barrancas, hacer 2600 metros en la piscina. Tengo laringotraqueitis y estoy con ibuprofeno y antibióticos -no estoy como para morirme ni estar en la cama pero tengo mal cuerpo y, desde luego, no estoy para entrenar. El caso es que llevaba desde el olímpico de La Manga nada más que tirando del carro, flojo y, probablemente, incubando algo -la combinación de entrenos y trabajo me ha resultado dura desde que empezó septiembre, pero ya lo de esta semana ha sido sentirme verdaderamente sin fuerzas para nada. Aunque he llegado a hacer un rodaje largo de 18 kms corriendo y hice lo de la piscina el jueves en un arranque de valentía de esa que supone desafiar todas las llamadas de tu cuerpo, la cosa no ha dado más de sí. No sé si ha sido una bajada de defensas relacionada con la prolongada carga de entrenamientos (¿principio de sobreentrenamiento?), pero me inclino más por achacárselo a las clases -con los recortes, tengo clases de treinta y muchos alumnos, en las que intentar ser un buen profe se convierte en una tarea extenuante para el cerebro y para la voz. Y no, no estoy para morirme: de hecho estoy aquí desgranando penas entre infusiones, klínex, estornudos, toses y canciones de Bob Dylan (qué discazo es Tempest). Penas con blog son menos  penas. Lo peor de todo es que no debería sentirme mal: varias voces expertas (incluyendo a mi entrenador y al médico) me han dicho que me relaje y descanse hasta el lunes y que, al haber estado entrenando bien desde julio, el trabajo está hecho y no tendré problemas en Cabo de Gata. Es más, un descansito así puede venir bien para supercompensar y regenerar músculos, cuerpo y mente. Yo quiero creerme todo eso, de hecho me lo creo; sin embargo, tengo también mucha preocupación -la última vez que tomé antibióticos me quedé hecho polvo unos cuantos días tras terminar el tratamiento y no quiero volver a pasar por eso otra vez, y justo a las puertas de mi primer media distancia... Sería una lástima que toda la preparación se vaya al traste por este bache -pero seamos optimistas y tiremos de confianza: probablemente eso no va a pasar y estos días no me matarán, me harán más fuerte, juas. En todo caso, mi reflexión seria del día es que los deportistas populares somos los peores enfermos del mundo y los que menos queremos descansar y atender las llamadas de alerta del cuerpo -nos gusta entrenar, nos gusta hacer las cosas de la mejor manera posible y acabamos autoexigiéndonos lo indecible. Acabamos con un medio parón forzoso como este y nos corroen los remordimientos y las culpas. Como si pasar una mañana de sábado sin montar en bici, contemplando el mundo desde la ventana y tomando té pai mu tan, fuera poco menos que un delito. Pero bueno, no queda otra: tranquilidad y buenos alimentos y salvar los muebles o los restos del naufragio en cuanto que me encuentre bien. Así, en modo standby infusión, nos quedamos hoy.

domingo, 30 de septiembre de 2012

El mirador de la Amatista -a 21 días del Triatlón Cabo de Gata-Níjar

Ayer tocó inspeccionar con dos compis de club el sector bici del medio Cabo de Gata. Había oído por varios lados que "el recorrido de bici hay que hacerlo, al menos una sola vez" y tenía ganas de comprobar cómo es y qué dificultades ofrece. Quien lea esto y vaya a hacer ese triatlón lo habrá oído también, pero por si acaso os lo digo yo: no lleguéis al 21 de octubre sin hacer un entreno de reconocimiento del recorrido famoso porque el circuito tiene un par de sorpresas interesantes que aconsejan una experiencia previa para escoger y probar desarrollos y piernas. Eso sí, intentad escoger un día un poco más plácido que el de ayer -a nosotros nos llovió y nos acompañó un viento de poniente racheado entretenido que dificultó un poco el disfrute y el buen ritmo. En todo caso, el recorrido San José-Aguamarga tiene su aquel -desde luego, yo no lo esperaba tan duro, o quizás el haberme levantado a las 6.30 me hizo ver las cosas del color gris del cielo. El resumen es que hay poco, muy poco, llano -casi todo son toboganes y algunas rampas importantes tirando a épicas, que dan un total de 999 metros de ascenso acumulado entre la ida y la vuelta en un circuito bellísimo y con unos paisajes que dejarán con la boca abierta a quienes no los conozcan (y a quienes los revisitemos también). Destaco las rampas del mirador de la Amatista o la rampa tendida pero prolongada que hay desde Las Hortichuelas en sentido Fernán Pérez. A partir de Fernán Pérez se transita por una carretera estrecha en relativo buen estado pero con piedras y arena que hacen que se haya de llevar cuidado (uno de mis compis de reconocimiento pinchó ayer ahí). Más toboganes y bajada hacia Agua Amarga. Bajada que, claro está, luego es subida. Y vuelta a empezar: todo lo que baja sube, todo lo que se ha subido se baja y viceversa. Cuidado con el rampón del mirador de las Amatistas desde Rodalquilar, que ayer fue para mí el punto más duro del circuito -acostumbrado a subir cuestas sentado me vi enfrentándome, desde la lejanía incluso, a una pared imposible que hace que no sólo te levantes en la bici sino que incluso te retuerzas de pura intensidad y puras ganas de llegar arriba -un error en el desarrollo o en las previsiones de fuerza y esa rampa puede hacer que te quedes clavado en el sitio. Superada la rampa (y dando gracias por la suerte que tuvimos, ya que, aunque llovió desde la mitad del recorrido, no llovió todo lo que temíamos que podía llover) enfilamos los toboganes de vuelta: La Isleta, Los Escullos y, por fin, bajada otra vez hazcia el mar. En todo caso, llegamos a San José sin más problema: al final, salieron 78,6 kms completados en 3h8', a una media de 25 km/h.
Este entreno-inspección marca la frontera de las tres semanas; quedan dos semanas serias de entrenos y una de dejarse caer hasta la prueba. Queda probablemente lo peor, el tener que seguir entrenando cuando el cuerpo te pide ya hacer la prueba, las dudas, las preguntas, el paso de los días hacia la bocina de salida. Y ayer, durante el recorrido, me dio tiempo a pensar y a decir en voz alta todo lo que me da vueltas a la cabeza: que probablemente este triatlón tan exigente no sea el más adecuado para estrenarse en la distancia, que probablemente la fecha sea un poco demasiado tardía, que me encuentro (como se encuentra todo el mundo con quien hablo sobre este tema) cansado de una temporada excepcionalmente larga, que el cuerpo y la mente piden un urgente paso de página y un poco de descanso. A mí, en concreto, el SERTRI Málaga y el olímpico de La Manga me han dejado ya sin apenas reservas de adrenalina -llevo dos semanas siguiendo los entrenos como buenamente puedo, combinando trabajo, cansancio y una desgana que me explico porque, no nos engañemos, las competiciones desgastan y cansan y exigen a gritos un descanso. Y aquí es donde rescato el mirador de la Amatista: ayer la rampa de subida desde Rodalquilar me resultó una metáfora de toda esta historia de triatlones, entrenos, esfuerzos, vidas e ilusiones. Lo que parece imposible, al final es posible. Lo que cuesta un gran esfuerzo, al final tiene una recompensa -¿qué mejor recompensa que subir esa carretera casi vertical y, en la cima, ver cómo la tierra se desploma hacia el mar en una vista imposiblemente bella? ¿qué mejor recompensa que la que nos esperará si conseguimos terminar el I Triatlón Cabo de Gata-Níjar el próximo 21 de octubre? Sin duda, las cosas que merecen la pena cuestan grandes esfuerzos.

martes, 25 de septiembre de 2012

Triatlón Olímpico La Manga: el triatlón de las medusas

¿A por la cuarta vuelta?
Ayer tocaba el olímpico de La Manga, un triatlón que se estrenaba y que tuvo algunos errores de organización que no me impidieron disfrutarlo -el retraso en la salida, la escasez de agua en algunos puntos críticos de la carrera a pie, el peligroso recorrido de la bici a cuatro vueltas, el calor excesivo se contrapusieron a mis buenas sensaciones y a la belleza de algunas perspectivas y vistas del recorrido. Y, afortunadamente para mí, ganaron sobradamente las sensaciones. Aunque la semana había sido ligera de entrenos, tenía mis dudas sobre las ganas de hacer un olímpico a estas alturas de año -con tanta competición acumulada ya me da un poco de yuyu oír el despertador un domingo y darme cuenta de que suena para que me ponga en la línea de salida a esperar el bocinazo. De todos modos, después de pagar una inscripción y un hotel y después de meterse doscientos y no sé cuántos kilómetros entre pecho y espalda, las dudas hay que dejarlas aparcadas en cualquier rincón del alma o de la mente. Más cuando te das cuenta de que hay gente que se levanta a las 7 de la mañana para estar en La Manga apoyando y animando -es lo que tiene tener un club de fans tan fiel; al final uno, por no decepcionar, tiene que hacer de tripas corazón, enfundarse el neopreno, poner la mejor de las sonrisas y tirar para adelante. No importa que hubiera miles de medusas en el Mar Menor, no importa que la primera boya estuviera a una distancia que a un mal nadador como yo se le antojaba exageradamente lejana, no importa nada -después de todo, esto del triatlón es una neura totalmente voluntaria y, casi con seguridad, una de las que más vivo me hace sentir. Así que, visto como transcurrió todo, no cabe ninguna duda: merece la pena aguantar la espera, aguantar la presión pre-bocina, otear la boya en la lejanía, calcular, concentrarse y tirar para adelante. Seguro: no hay manera más intensa de sentirse vivo que ir en un grupo de nadadores rodeados de decenas, cientos, miles de medusas (bonita estampa); no hay manera mejor de sentirse vivo que ver que hoy no vas solo en el agua y que puedes con 1500 metros sin problema; no hay mejor manera de sentirse vivo que tirar para boxes, hacer una transición lenta pero segura (como siempre, esos calcetines y esas zapas sin enganchar en los pedales, viva el espíritu popular); no hay mejor manera de sentirse vivo que optar por ir solo en bici porque los grupos con los que conecto van demasiado lento y los que me pasan demasiado rápido; ese sentirse entre dos aguas (el aprendiz de triatleta que no es malo del todo pero que nunca llegará a ser de los buenos) y ese notar que se consolidan las medias de 34 km/h incluso en los 40 kms de un olímpico; todo eso, insisto, te hace sentir vivo; y más vivo todavía cuando el programa se cumple a rajatabla y al bajarse de la bici uno se dedica a adelantar cadáveres y a hacer lo que sabe hacer medio bien  (aunque corriera a 4'28'' engañado por la euforia y por el calor, pensando que iba a un ritmo de 4'10'').
Pues sí, está claro y ayer lo confirmé: esto se hace para sentirse vivo, para tener un chute de euforia de los que duran dos o tres días. Y eso me produjo entrar en meta ayer en 2h27'56'', 79º de 177 llegados, 9º de mi categoría y con los siguientes parciales por sectores:
Natación: 32'44'' (puesto 132º, a 2'11'')
Bici: 1h10'27'' (puesto 119º, a 34 km/h en un recorrido de 38 km)
Carrera: 44'45'' (puesto 30º, a 4'28'')
2h27'56''.Un tiempo que no tiene nada de especial, un tiempo mediocre, pero que a mí me supo a gloria -por un lado, terminaba mi segundo olímpico en más de 8 minutos por debajo de mi estreno en esa distancia en julio pasado; por otro, por primera vez terminaba en el primer 45% de clasificados de un triatlón. Cuánta tontería se puede escribir -sí, lo acepto, muchas de las cosas que estoy diciendo no tienen base deportiva ninguna, los triatlones no son comparables por sus recorridos y por mil circunstancias, incluso se podría interpretar mi relativo avance en una clasificación como mero efecto rebote por la excesiva popularización de los triatlones; pero a mí me da igual -me tomo el de ayer, el séptimo del año y mi segundo olímpico, como el chute de endorfinas que necesitaba para afrontar la última parte de la preparación para Cabo de Gata. Así, mientras hay voces que casi reclaman pruebas de ADN para poderse inscribir en un triatlón y quitar de la circulación a los que presuntamente estorbamos, yo me quedo tan contento con mis modestos tiempos y resultados. Y que nos quiten lo bailao, amigos.

sábado, 22 de septiembre de 2012

A un mes de mi primer medio

Pues sí; en realidad esta entrada la debería haber escrito ayer, pero entre trabajar y entrenar no pude hacerlo. Por mi mala cabeza y mis ajetreos laborales ayer me tocó triple sesión, un movimiento un poco arriesgado teniendo en cuenta que mañana tengo el olímpico de La Manga. Pero bueno, la cuestión es que no quería que pasara el momento sin hacer una reflexión conmemorativa por aquí. En un mes tendrá lugar el medio ironman de Cabo de Gata -a estas alturas, por lo de los 80 kms en bici del recorrido, tengo mis dudas sobre si considerarlo un medio ironman, pero, en cualquier caso, es mi primera incursión en un triatlón "largo". A estas alturas, también, estoy con sentimientos encontrados sobre Cabo de Gata: estoy disfrutando la preparación, que me está suponiendo un salto adelante en bicicleta; estoy con ganas de hacerlo también; sin embargo, tengo mis dudas y mis nubarrones negros por ahí acechándome: por un lado, no me siento nada suelto en natación (el agua del SERTRI de Málaga se me hizo larguísima y no la disfruté nada) y no paro de pensar que un temporal y un mar picado ese día pueden dar al traste con toda la preparación y con todo el proyecto Cabo de Gata. Por otra parte, esta está siendo una temporada muy larga -llevo muchos meses sin tener una sola semana de descanso, he competido muchísimo este año y, de alguna manera, acuso un poco de cansancio físico y, sobre todo, mucho cansancio mental. Me noto como si me costara arrancar en los entrenos y como con ganas de poder cerrar oficialmente la temporada y pasar página. Así las cosas, las últimas semanas he podido constatar lo difícil que es compatibilizar unos entrenos de cierta exigencia con un trabajo también exigente. Así las cosas, uno se sorprende de lo que el cuerpo aguanta y de que aún me sobre motivación como para, antes de las 8 de la mañana, ayer estuviera corriendo y me salieran 3 series de 12 minutos a buenos ritmos (la última a 3'55''), o que después de trabajar y comer rápido me fuera a Cabo de Gata con la bici para tener que pelearme a la vuelta con el poniente que se metió para cerrar el verano, o que después cerrara los entrenos del día con 1800 metros de agua suaves... Por eso me reafirmo, cansancio mental y reflexiones y dudas no equivalen a falta de motivación. Si esta me faltara no estaría ni entrenando ni escribiendo en este blog que es parte de todo este proceso de crecimiento como deportista.
Pero en fin, para mucha gente que pueda leer esto, todas estas reflexiones resultarán de lo más tonto, de lo más vacío, de lo más aburrido: por un lado, la gente que hace triatlón en plan serio pensará que hacer un medio ironman no tiene ninguna importancia y que no se merece tanta paja mental. Por otro, la gente que no hace triatlón, y alguna gente habrá que lea esto y no esté en esta onda, pensará que hay que relativizar y quitarle importancia a una competición y al deporte-la vida son muchas más cosas.... Afortunadamente, quienes piensan así llevan razón -relativicemos, disfrutemos, quitemos importancia a todo. Pero claro, este blog se ocupa de mi desarrollo como deportista, ¿qué le vamos a hacer? Y resulta que la prueba que tengo en un mes tiene mucho de especial en mi trayectoria -de ahí tanto pensar, tanta reflexión, tanta ceremonia y tanta entrada de blog que, a primera vista, quizás no dice nada.
Nos quedamos ahí. Mañana toca el olímpico de La Manga -en un par de días, la crónica.

martes, 18 de septiembre de 2012

Autoexigencia, mejora, realismo, autocrítica

Uno escribe una crónica realista y enseguida llegan las preocupaciones y los gritos de ánimo desde el entorno. "Estás desanimado". Uno agradece sinceramente el interés, pero nada más lejos de la realidad: no estoy ni desanimado ni desmotivado. Lo que pasa es que uno es de natural perfeccionista -me gusta hacer las cosas bien; y cuando uno se mete en esto del triatlón tiene, razonablemente, sus subidas y bajadas, sus días sublimes y casi perfectos y sus días penosos. Por eso, asumir y reconocer cansancio, reconocer que en una competición se ha llegado a meta pero no se ha disfrutado tanto como otras veces porque, no nos engañemos, se han obtenido unos resultados mediocres incluso en cuanto a sensaciones, son cosas naturales que no tienen que ver con la desmotivación. No comprendo cómo hay gente que tiene blogs deportivos que pintan esta película tan sólo a través de unas gafas rosas. En esto hay de todo: días buenos, días malos, pereza, cambios en los planes, autoexigencia y sacrificio, dudas, disfrute y algún momento angustioso, crecimiento personal y decisiones costosas, momentos de mejora y momentos de atasco. Pero lo tengo claro: hoy por hoy, si no me gustara esto, si no quisiera mejorar, si no estuviera motivado, no continuaría aquí.Y para contrarrestar las malas vibraciones que pudo producir la entrada de ayer, a punto de entrar en el otoño, os dejo un poco de música, una canción sueca que se traduce como "El primer día de la primavera", porque, si algo he aprendido en este tiempo, es que el deporte está lleno de bonitos comienzos...