El diario de un outsider residente en los arrabales del trimundo

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sacrificio: seguir despegando como triatleta

Phelps, en pleno sacrificio

sacrificio 
(Del lat. sacrificĭum).5. m. Peligro o trabajo graves a que se somete una persona.
7. m. Acto de abnegación inspirado por la vehemencia del amor.
 (fuente: Diccionario de la RAE)


¿Qué no hará un aprendiz de triatleta por continuar su despegue, por mejorar, por aprender, por amor al triatlón y a sus objetivos futuros? Esto es lo que pensaba ayer cuando estaba inmerso en unas series de 50m en la piscina. 15x50m con recuperaciones de 20 segundos.Conseguí llegar a 10 o 11: perdí la cuenta. La cosa es que, desde hace un par de semanas, estoy entrenando con el Club de Natación Bahía de Almería, un club máster con mucha solera en mi ciudad. Los entrenamientos con esta gente, a los que voy dos o tres veces en semana, me han supuesto un cambio de perspectiva total: además de volver a ponerme en mi lugar (ser el último de la fila, el peor, el más lento) y de hacerme aun más consciente de mis carencias técnicas (estilo poco fluido, poco rolido, poco agarre), las sesiones que he compartido con ellos han conseguido lo que yo, por mi cuenta, no conseguía. Y es que, por fin, consigo cansarme en la piscina: series, sets largos y exigentes, nadar a estilos que ni había intentado. Así fue mi estreno hace ya dos casi dos semanas: nada a braza, nada a mariposa, nada a espalda. La cara de póker todavía me dura. Probablemente, si continuo con ellos, el esfuerzo y el sacrificio me harán progresar -es lo que pensaba dándole vueltas a las palabras del entrenador ayer: tienes que tener mucha paciencia. Es lo que pensaba cuando pedaleaba de vuelta a casa, después de 2700 metros (mi sesión más larga de entrenamiento en el agua hasta el momento). Es lo que pienso ahora, aquí en una mañana tranquila de descanso y de tareas cibernéticas: el camino es largo -ser triatleta y tener deficiencias (nadar mal, por ejemplo) no están reñidos. Al contrario, ser triatleta es, en gran parte, recorrer ese camino y enfocarlo para, a través del sacrificio, solventarlas en la medida de lo posible. Suena místico, suena cursi, suena estúpido: pero así es. Se puede disfrutar con el sacrificio si te gusta algo -y lo bueno del triatlón, si te gusta, es que el margen para la mejora es siempre tan amplio que uno no puede nunca dejar de sacrificarse, de decir ahora empieza todo. Y sobre todo, de contemplar los pequeños sacrificios de cada día o de cada semana como parte imprescindible del todo -así me ventilé yo las series de ayer, tomando aire de mis proyectos de futuro y diciendo esto lo estoy haciendo para poder hacer mil cosas que quiero hacer.

martes, 20 de septiembre de 2011

Atracón Sierra Nevada 2011: fracaso es no haberlo intentado

El Mulhacén, majestuoso, un faro para mi futuro en el triatlón
La montaña pone a cada uno en su sitio. Además de haberme puesto varias veces en mi sitio, las montañas llevan unos cuantos años enseñándome cosas sobre mí, sobre mi estado de forma, sobre las cosas a las que puedo aspirar, sobre lo que es posible y sobre lo que es imposible. También sobre los demás. Llevaba tiempo pensando en hacer las dos cumbres más emblemáticas de Sierra Nevada, el Mulhacén y la Alcazaba, en el mismo día; además, hacerlas desde Trevélez, sin paños calientes y sin atajos de distancias ni desniveles. Tantas ganas tenía que este verano se me ocurrió montar un evento Facebook, juas juas, al que invité a gran parte de mis amistades y conocidos relacionados con el deporte y con otros derroteros de la vida. Al final, tan sólo nos apuntamos cuatro aguerridos aspirantes montañeros a lidiar con semejante reto: Trevélez-Siete Lagunas-Mulhacén-Siete Lagunas-Alcazaba-Siete Lagunas-Trevélez. 2400 metros de desnivel positivo y otros tantos de desnivel negativo para el cuerpo. El caso es que el sábado pasado, a las 7.40 de la mañana, Lola, Jose, Simón y yo nos pusimos en marcha para lidiar con este pedazo de frikada. El resultado fue un éxito parcial -tan sólo hicimos una de las dos cumbres previstas, el Mulhacén; la Alcazaba, debido al viento exagerado y al cansancio acumulado, se quedó para mejor ocasión. Al final, unos 2300 de desnivel, 29,6 kms y unas 11 horas de marcha exigente. Desde aquí, felicitar y dar las gracias al resto del equipo y recordarles que, sin duda, fracaso es no haberlo intentado.
Como decía al principio de la entrada, la montaña es muy sabia y me ha enseñado muchas cosas en los últimos años: quizás la moraleja que puedo extraer de este reto cumplido tan sólo a medias es que no caben las prisas para las grandes empresas. Cada cosa tiene que pasar, necesariamente, por las etapas de rigor y por los escalones establecidos -no tiene sentido forzar la máquina si no es para disfrutar, no tiene sentido apresurar las cosas sólo por apresurarlas. En el camino, en las etapas, en disfrutar el recorrido está la clave. Aplicado al mundo del triatlón y de mis proyectos dentro del mismo, la moraleja no deja lugar a dudas: no se puede simplificar las cosas. Si el Mulhacén y la Alcazaba no se dejan conquistar en el mismo día, me están mandando una señal de que debo ir consolidando etapas antes de dedicirme a aventuras verdaderamente grandes y exigentes. Suena todo muy misterioso, pero yo me entiendo. Con ese eco montañero de exigencia y de disfrute dosificado nos quedamos hoy.

martes, 13 de septiembre de 2011

Multideporte, luces y sombras: necesito una rutina ya

La natación, ¿la reina del multideporte?
Practicar multideporte es una gran fuente de satisfacción, salud y entretenimiento. Correr, montar en bici, nadar, hacer trekking o lo que se tercie, todo junto, tonifica, da esplendor al cuerpo, mantiene en forma el corazón, ahuyenta resfriados, potencia las defensas, mejora el humor, mantiene a raya el estrés. Sí, la práctica de varios deportes es aun mejor que la de uno solo -no hay duda. Sin embargo, cuando esta práctica multideportiva está ligada no sólo al disfrute sino también a los objetivos de un aprendiz de triatleta (nadar mejor, mejorar en las tres disciplinas, pasar a distancias y pruebas más largas y exigentes), hay que valorar también los problemas y sombras que trae consigo. En otras entradas he hablado de la dificultad que a veces tengo para organizar entrenamientos: meter alrededor de 10 sesiones semanales de entrenos tiene su intríngulis y su misterio, sobre todo cuando hay más cosas aparte del multideporte -trabajo, obligaciones domésticas y familiares, vida social... Hasta aquí no creo haber dicho nada nuevo: supongo que todo el mundo pasa por estas dificultades de organización y de encaje de bolillos que tienen que ver con la práctica del triatlón y del multideporte orientado a objetivos. Me apetecía, de todos modos, reflexionar y redactar un listado de errores organizativos o psicológicos por los que, ahora mismo, estoy pasando:

1. No disponer de suficiente tiempo para realizar las sesiones deseables
2. No disponer de suficientes fuerzas para realizar las sesiones que pensábamos que eran las deseables
3. Querer ser un máquina en todas las disciplinas
4. Querer dedicarle el mismo tiempo, con la misma exigencia, a todas las disciplinas
5. Realizar demasiadas sesiones basura sin un objetivo concreto
6. Plantearse objetivos demasiado exigentes, tanto en la planificación de entrenos como en competiciones
7. Plantearse objetivos demasiado poco exigentes, tanto en entrenos como en competiciones
8. No realizar la suficiente técnica en cada una de las disciplinas y acabar corriendo por correr, nadando por nadar, montando en bici por montar en bici
9. Tener remordimientos por no poder hacer todo lo previsto y/o lo deseable
10. No ser capaz de asumir sin remordimientos que una sesión de una disciplina extra (trekking, por ejemplo) puede sustituir sin problema a una de las sesiones previstas
11. No tener la flexibilidad suficiente para tolerar los imprevistos de lo cotidiano
12. No escuchar al cuerpo -no descansar lo suficiente

En esta primera mitad del mes de septiembre en que, como docente, me encuentro entre dos aguas, me está siendo dificil entrenar con cabeza: sigo corriendo de manera más o menos normal, sigo nadando de manera más o menos normal (con alguna novedad que ya contaré detenidamente en otra entrada), sigo sin coger la bici nada más que para ir al trabajo... Sigo con una cierta normalidad, pero me falta chispa: es como si arrastrara el cansancio acumulado de meses sin un verdadero descanso y sin parar de entrenar. Es también, diría que esto es lo más importante, el hecho de que cometo todos los errores que he detallado arriba y, encima, no tengo una rutina sensata establecida que pueda seguir todas las semanas. A falta de empezar las clases y el trabajo en horario normal, me encuentro en una especie de limbo postvacacional que no quiere oír hablar de rutinas... Las cosas volverán ya mismo a su cauce normal: este jueves comienzo las clases y la semana que viene será ya una semana normal. Para el lunes que viene debo tener una rutina clara: rutina de entrenamientos con cabeza y, cómo no, un objetivo concreto y asumible (sin ese objetivo, dudo que la rutina tenga mucho sentido). Entonces espero que este aprendiz de triatleta recupere la chispa del multideporte.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Hoy empieza todo: adiós vacaciones / bienvenido nuevo ciclo

Quedaron atrás las nubes de las vacaciones -ahora toca centrarse en el nuevo ciclo
 Se acabaron las vacaciones. Empezando a trabajar y retomando el nivel del mar, entramos en septiembre. Mes complicado donde los haya: vuelta al trabajo, ajustes, nostalgia, días más cortos. Un curso nuevo. Un ciclo nuevo. En cuanto a lo que al triatlón se refiere, julio y agosto han terminado como sigue: 60 horas 05' de entrenamiento para 64 sesiones.

Swim: 55750 metros (+750 m del triatlón sprint)
Bike: 29 kms (+20 kms)
Run: 418 kms (+5 kms)

Sin comentarios: salta a la vista que más que al triatlón, me he dedicado al aquatlón. Por lo demás, ha sido el verano de mi segundo tri. Y el verano en que me he vuelto a dar cuenta de lo difícil que, a veces, llega a ser ajustar entrenos e intenciones ideales a la realidad y a las exigencias de la vida. Lo más positivo que saco de estos dos meses son dos cosas: por un lado,  el esfuerzo que le he dedicado al agua, esfuerzo que en las últimas sesiones de agosto me ha dado algún fruto (más fondo y mis primeros 2150 metros seguidos sin parar; sesiones consistentemente por encima de los 2000 metros cuatro veces por semana; mayor autoconciencia de la técnica y buenas sensaciones con cierta frecuencia). Por otra parte, mi confirmación como triatleta me ha vuelto a mostrar que esto me gusta y que quiero seguir, en serio, con el tema. De ahí lo del nuevo ciclo: como he dicho tantas veces, ahora empieza lo bueno. Y es ahora, a comienzos de septiembre, cuando de verdad empieza (o vuelve a empezar) todo.

martes, 23 de agosto de 2011

Días de semidescanso y cuatro asignaturas pendientes

Los paisajes de siempre, el escenario de muchos kilómetros este verano
Todavía no ha terminado el verano y ya sé que los resultados deportivos no van a ser tan completos como los del año pasado. Aunque hay quien dice que menos es más y cuestiones por el estilo, a mí me gusta hacer horas y kilómetros y metros. Y sí, puede ser que menos sea más, puede ser que andemos todos un poco demasiado obsesionados con los números; puede ser que exista el factor calidad frente al cantidad. Sí: todo eso está muy bien, pero el año pasado acabé agosto tan contento de mis kilómetros en bici, de mis metros en la piscina de La Granja o de mis kilómetros por el campo segoviano... Y, al final, en esto del deporte, en esto de entrenar, en esto de correr o de hacer triatlón, creo que se trata de acabar contento, combinando calidad con cantidad, mucha cantidad. Ni más ni menos. Y sí, este año estoy haciendo metros en la piscina, he hecho mi segundo triatlón, estoy corriendo y he disfrutado corriendo por mis sitios maravillosos de siempre y por mi ciudad favorita de siempre, pero me falta algo: sin duda, estaría mucho más satisfecho si estuviera cogiendo la bici, pero, como ya he repetido varias veces este verano en este blog, no me lo pide el cuerpo -y, eso lo tengo bien aprendido, la bici de carretera te la tiene que pedir el cuerpo. Si no, malo... Bueno, pues indudablemente, esa es la primera asignatura pendiente de cara al curso que viene (es curioso cómo los profes concebimos el tiempo y los años de otra manera: para mí el año empieza con el curso, en septiembre, y ahora es un momento estupendo para hacer planes, proyectos y resoluciones). Decía: primera asignatura pendiente, la bici. Nada que añadir. Segunda asignatura pendiente: entrenar de manera más sistemática y orientada al triatlón (y no a tres disciplinas independientes): creo que tengo que integrar mis semanas de entrenamiento de otra manera; no puedo seguir corriendo tanto como corría cuando sólo corría... No puedo sentirme frustrado por no hacer metros y kilómetros sin más. Integrar de manera inteligente, prioridad número dos para septiembre. Tercera asignatura pendiente, el agua: creo que lo tengo ya decidido y en septiembre me uniré a un club de natación. Entrenos compartidos y mejora de la técnica, opiniones expertas y mejora de tiempos... Eso espero.
Por lo demás, después del triatlón del día 13, la semana pasada fue una semana de semidescanso: a half-arsed week. Ni descanso del todo, ni mis números habituales: 5 horas 56', para 6 sesiones -tres de natación (6550 metros) y tres de carrera (40 kms). Destaco una sesión por la Cañada Soriana Occidental por el campo de Segovia -cómo me gusta entrenar en la provincia de Segovia: buenos desniveles y toboganes constantes. Tampoco estuvo mal la sesión del domingo: más de 14 kms entre relámpagos y truenos, con una buena sucesión de cuestas... Reflexionando sobre todo esto, quizás debiera incluir una cuarta asignatura pendiente: la de aprender a descansar sin mala conciencia y a ser menos exigente conmigo mismo (¿y también con los demás?)...
Termino esta entrada con los resultados y clasificaciones oficiales de mi segundo triatlón: al final, unos segundos menos que los que había anunciado por mi crono y cosas interesantes en los tres parciales: la clave es que perdí tiempo respecto a mi debut en las tres disciplinas -9' en la natación, 3'30'' en la bici y 2' en la carrera a pie. Peor preparación, agosto frente a junio, días previos en Londres sin nadar nada y disfrutando de la real ale, conducir 200 y pico de kilómetros antes del triatlón, malísimas transiciones... Son posibles explicaciones. Bueno, ahí van los resultados:
Tiempo oficial: 1h 25'39'', puesto 138 de 152 en categoría masculina; puesto 147 de 171 llegados; puesto 36 de 38 en mi categoría V1
Agua: 23'54'', puesto 155 de 155 (categoría masculina)
Bici: 40'51'', puesto 140 (masc)
Pie: 20'54'' (promedio 4'11''), puesto 58 (masc)
Lo bueno de unos resultados tan desastre es que nos permiten tener mucho margen para la mejora. Y de eso se trataba, ¿no?. Juas.

lunes, 15 de agosto de 2011

XXI Triatlón del Canal de Castilla: la crónica de mi segundo tri

Medina de Rioseco. Volver a sentir. Sí: ese es el lema turístico de este pueblo de Tierra de Campos, en la provincia de Valladolid. Es también lo que se lee en la camiseta que nos dieron a los 180 triatletas (incluidos algunos, muy pocos, de mi categoría aprendices) que participamos en este clásico de los triatlones de Castilla. Todo empezó a la una y media del medio día cuando, acompañado de Simón, mi utillero y fotógrafo de lujo, me monté en el coche para hacer los 200 y pico kilómetros para llegar hasta boxes. Calor de mitad de agosto y pocas ganas. Pero bueno, es lo que tocaba, que para eso se me había antojado hacer mi segundo sprint a mitad del verano en plena llanura castellana. Y la verdad que el lema turístico tuvo su sentido: por un lado, volví a sentir lo que es hacer un triatlón, el gran ambientazo precarrera, el espectáculo en el que uno se ve inmerso, la excitación frenética de boxes y transiciones, de la que, como ahora se verá, poco pude participar; por el otro, volví a sentir lo mucho que me falta por aprender y mejorar en el agua y en la bici. En fin, continuamos: llegamos a Medina sin novedad, hidratación, dorsal, vestimenta, boxes, sorpresa grande. ¿Qué pasa? Que no se puede usar neopreno: uff, había leído en todas las crónicas de años anteriores que el agua del Canal de Castilla en esta época está fría como el hielo (o casi); este año el agua está fría, pero no lo suficiente... Dudas: ¿cómo me saldrá la natación sin neopreno? Decido probar el agua, llevo unos diez días sin nadar y quiero ver sensaciones: no son malas del todo, parece que no se me ha olvidado porque, al menos, no me hundo. Para quien no conozca el sitio, el agua se hace en la dársena del Canal de Castilla, una especie de puerto-presa gigante muy bonita, con el agua parda y totalmente opaca y con grandes cambios de temperatura -el recorrido es una vuelta y media a un circuito entre dos boyas. Lo de meter la cabeza y no ver absolutamente nada es una sensación nueva: volver a sentir. 
La tensa y fresca espera
 Así las cosas, se hacen las seis de la tarde y el triatlón debe empezar: la salida se hace desde dentro del agua. El juez nos tiene 5 minutos tiritando dentro del agua y, por fin, suena la bocina. Algunos palos, pocos porque me pongo en la parte de atrás; primeros minutos con cierta angustia y la pregunta del millón: ¿qué coño hago yo aquí metido dando manotazos en este chocolate aguado? Decido tranquilizarme, regular la respiración y acordarme de mi objetivo para este tri: terminarlo para poder continuar con esto, sin más. Así, me tranquilizo y veo que no voy mal. Primera boya. Para entonces ya voy, claramente, fuera del grueso de participantes. El segundo largo hasta alcanzar la primera boya por segunda vez se me hace eterno: voy demasiado pegado a la orilla del canal, por la parte de fuera, por lo que tengo que tirar hacia dentro. A ratos presiento que voy con gente, toco alguna pierna o me dan algún golpe, pero el agua turbia me despista. Tiramos para la segunda boya, último largo y sigo teniendo una gran confusión de sensaciones. Volver a sentir. No sé si voy solo o acompañado. No sé si voy bien o mal. Todo se complica porque la lancha de los bomberos provoca un oleaje tremendo: no sé si estoy en el Canal de Castilla o en alta mar. La cosa es que llegamos y hay que tirar hacia la escalerilla de salida... Creo intuir más gente que sale a la vez; unas manos de la organización que me ayudan a salir, y es entonces cuando empiezo a preguntarme cosas -¿tan mal estoy que me ayudan a salir?
Saliendo el último o penúltimo del Canal de Castilla
Es entonces cuando noto que llevo un mareo del quince y medio encima, y cuando le echo una ojeada al cronómetro: 25 minutos. Sí: como suena. 25 minutazos. T1: llego a boxes -soledad de boxes donde sólo hay dos bicis colgadas, la de alguien que ha abandonado y la mía -mis compis de reparto en Los últimos de Filipinas se han esfumado y no hay ni rastro de ellos.
La soledad de boxes
 Sigo preguntándome cosas, y es que sigo aturdido y confuso: ¿pero tú te ves montándote en la bici, enganchándote y tirando del cuerpo 20 kms? La soledad era, es, esto. Soy el último y eso no anima nada. Tiro de amor propio y de objetivo: se trata de terminar tu segundo tri, vamos... Así las cosas, saco la bici por donde intuyo que debo sacarla, me intento montar, gente de la organización que dice "en la línea, en la línea". Me dan ganas de decir "¿dónde cóño está la línea?", pero no tengo fuerzas ni para eso. (Un aparte: mal la organización en cuanto a señalización, mal tirando a muy mal).
Sacando fuerzas de flaqueza bajo la atenta mirada del hombre de la gorra
 Por fin en la bici, compruebo que no me caigo; enganchado ya, empiezo a intentar darle duro, pero al poco de la salida empieza una zona de baches y mal firme que me hacen volver a preguntarme cosas... Afortunadamente, el firme se arregla enseguida: una carretera estrecha, castellana en toda su escueta definición, bellísima y llana, pero punteada de toboganes. Me voy reponiendo; voy dando caña e intentando coger a los últimos de la bici. Me cruzo con los primeros y con el grueso de participantes, que ya vienen de vuelta. Horror. Esto pinta muy regular. Sigo dándole fuerte, suponiendo que a alguien tendré que alcanzar. Llegamos al kilómetro 10 y me encuentro un giro en 180 grados -carretera cortada con una cinta, maniobra y enfilamos la segunda mitad. Por fin adelanto a alguien: un triatleta que me saca por lo menos veinte categorías y casi veinte años -la cosa sigue pintando regular. Sigo, ahora con el viento en contra, pero intentado no bajar de la media de 33 kms/hora. Adelanto a alguien más: una aguerrida triatleta castellana con bici de montaña con ruedas de tacos gordos. Dios, vaya logro acabo de acometer! Esto sigue pintando regular...
El caso es que, cuando me doy cuenta, estoy de vuelta en Medina de Rioseco; ya no soy el último: voy el antepenúltimo. T2: entro en boxes y decido echar el resto porque, no nos engañemos, yo soy un runner de categoría; me calzo las Mizuno y mi buff y salgo a comerme el mundo.
Yo, mi buff y mi rabia: piernas para qué os quiero
El mundo en este caso son los caminos de sirga del canal: caminos de tierra entre árboles, deliciosos por el piso, por las sombras y por las vistas. Pero, tampoco nos engañemos, yo no estoy para goces estéticos: lleno de rabia me propongo adelantar a todo bicho viviente que vea por delante. Lo que queda en carrera a estas alturas son, evidentemente, los corredores más flojos, así que la tarea no es difícil del todo. Entre pitos y flautas, entre kilómetro y kilómetro, creo que adelanto a quince o veinte triatletas, quizás menos, quizás más. El caso es que entro en meta en 1 hora 25'45''. Todavía sin tiempos oficiales ni clasificaciones, pero, sin duda, todo un tiempazo: sí señor, para clasificarme para Londres 2012...
El aprendiz de triatleta con cara de satisfacción después de haber terminado su segundo sprint en 14 minutos más que en su debut
 Y ¿qué saco en claro de todo esto? Pues en primer lugar, que se trataba de completar mi segundo sprint: hasta ahí, objetivo cumplido. He vuelto a confirmar, he vuelto a sentir, que esto me gusta y que quiero seguir con la aventura del triatlón, a pesar de todo lo que me hace falta seguir mejorando y aprendiendo. En segundo lugar, he comprobado lo que Ironmangadir me comentó en Movescount: cada triatlón es un mundo. Efectivamente, no se puede comparar mi primer sprint de junio y este: ni recorridos, ni nivel de participantes, ni ninguna circunstancia. Ni, por supuesto, tiempos: este lo termino en 14 minutos más que en mi debut. Y, con eso, enlazo con mi tercera reflexión: ¿qué puede justificar que haya hecho 10 minutos más en los 750 metros del agua? No creo que el uso de neopreno pueda suponer una ventaja de 10 minutos; ¿los 10 días sin nadar? ¿el recorrido del Tri de Almería era sensiblemente más corto que este? ¿mi recorrido demasiado alejado de las boyas y demasiado por el contorno del canal? Ni idea; en cualquier caso, aquí sólo cabe una cosa: seguir mejorando y buscar el siguiente... Volver a sentir.

sábado, 13 de agosto de 2011

Stand-by -corriendo por Londres y el previo de mi segundo tri

Lo he dicho unas cuantas veces ya en este blog, pero ya sabéis cuánto me gusta repetirme: para mí, conocer una ciudad, sentirte parte de ella, integrarte en su trama urbana y participar de su vitalidad, pasa por conocerla corriendo. En los últimos años, he corrido por un montón de sitios a los que he viajado: desde Tetuán hasta Nueva York, desde Helsinki a Utrecht, desde Barcelona a Estocolmo pasando por Oslo o Vilnius cuajadito de nieve... Y, por supuesto, estos días en Londres, he vuelto a correr por esta ciudad que conozco bien: recorrerla corriendo cada mañana me ayuda a conocerla más, a reconocerla y a observar cómo se ha reinventado y recreado en los últimos años. Triathletes of the world, unite and take over... Ese podría ser el lema del Londres de 2011. Y es que el triatlón se ha convertido en el plato fuerte de la ciudad: cientos, miles de corredores y de ciclistas inundan a diario la ciudad -y en un porcentaje alto, es fácil adivinar que esa gente que va en sus bicis de carretera o a bordo de sus zapatillas al trabajo o a sus casas o a sus gimnasios, practican triatlón. No puede ser de otra manera en una ciudad que en dos fines de semana consecutivos celebró el London Triathlon y las Dextro Energy Series de la ITU; en un país donde hay tres revistas mensuales de triatlón y un sinfín de tiendas de material. Un país donde montan un escaparate conmemorativo en Foyle's, una de las mayores librerías de Londres...
En cualquier caso, Londres quedó atrás con 80 kms en seis sesiones de buen running, a buenos ritmos y disfrutando mucho del Thames Path. Londres quedó atras y lo que toca ahora, esta misma tarde, es mi segundo tri. Cerraré aquí, comida, montaje de la bici en el coche y toca tirar para Medina de Rioseco -aunque llevo diez días sin nadar, espero terminar sin problemas y disfrutarlo tanto como el primero. Unas notas de reflexión en forma de preguntas que pueden valer para cualquiera al borde de cualquier evento deportivo -sacadas de un artículo de la revista 220 Triathlon: ¿por qué haces esta carrera? ¿confías en tu preparación y nivel de forma física para esta carrera? ¿cuál es tu primer objetivo para esta carrera? Respondo con urgencia: hago el Triatlón del Cana de Castilla porque me parece un sprint atractivo (me intriga cómo es nadar en la dársena de un canal) y porque está cerca de donde estoy ahora mismo, también porque quería hacer otro sprint lo antes posible; segunda pregunta: tengo mis dudas porque llevo sin hacer nada serio con la bici mucho tiempo y porque llevo 10 días sin nadar; pero bueno, para terminar un sprint, creo yo que estoy... Tercera pregunta: mi objetivo es terminarlo, consolidar el escalón de los sprint y seguir con esto. Bueno, saldremos de dudas esta tarde.