El diario de un outsider residente en los arrabales del trimundo

lunes, 30 de enero de 2012

XV Media Maratón Ciudad de Almería: la crónica de mi primera carrera con i-pod

Ayer amaneció un día espléndido en Almería y  todo pintaba bien para cumplir con el rito y la ceremonia de siempre, las rutinas de toda competición (ya sabéis: madrugón, desayuno, vaciado corporal, nervios, estadio, saludos, estiramiento, calentamiento, último vaciado de vejiga, pistoletazo y a correr), y tampoco pintaba mal para hacerlo lo mejor posible. Ya me conocéis: si no puedes ser el mejor, hazlo lo mejor que puedas... No contento con repetir rito y ceremonia, ayer se me ocurrió introducir dos novedades: desayuno con copos de avena combinados con yogur y llevar el i-pod durante la carrera. Nunca había competido con música y quería experimentar. Aunque para novedad, lo mejor fue irrumpir en el parking del Estadio de los Juegos Mediterráneos con los Manel a todo trapo y cargándome de energía positiva cantando a tope de voz: sembla tan clar que ens equivoquem com que ho anem fer. Y es que, parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer... Sin duda: quizás es una equivocación estar aquí en una mañana de domingo, pero ahí estábamos otra vez.
Hay que decir que esta era mi segunda competición del año y la primera prueba larga para comprobar cómo está resultando mi adaptación al entrenamiento de triatlón. En fin, que así llegué a las 10 de la mañana y al pistoletazo de salida: auriculares puestos y curiosidad por saber cómo se me iba a dar la carrera.
Me sorprende la gente que cuenta, tras una carrera, que han ido a ritmo de entrenamiento o que se han tomado una media maratón como un rodaje controlado. Los admiro. Yo no sé hacer eso y, en cuanto toca salir, empiezo a correr a tope: pies para qué os quiero. Ayer la cosa se desbocó, incluso, un poco: los primeros 3 o 4 kilómetros voy a un ritmo demasiado alto para mi gusto (3'40'' o así), ritmo que me hace pensar que puedo pinchar pronto. Después de todo, tengo los rodajes largos dominicales muy abandonados y me asaltan las dudas: una cosa es hacer una carrera de 10 kms reventando y otra muy diferente es saber sufrir y aguantar durante 21. En todo caso, los kilómetros van cayendo por este recorrido tan aburrido por la Vega de Acá. Parece que el cuerpo aguanta y paso el kilómetro 10 en 39'40'', buen tiempo para una carrera de 10 kms pero vuelvo a dudar de si voy a ser capaz de doblar a este ritmo. La cosa es que nos vamos para el centro de Almería: ahí voy yo, con los Smiths, con los Decemberists, con Sigur Rós, con PJ Harvey, con Fito, con quien toca en el shuffle. Ahí voy yo, sobre todo con Bruce Springsteen: que me va desgranando canciones y me va revelando verdades interesantes. Davy dancing in the moonlight, Davicillo bailando a la luz de la luna. Para poco después decirme que Hazy Davy got really hurt. Al final Davicillo se hizo daño: lo cual me recuerda que no he pasado todavía el kilómetro 14 y me queda todavía un tercio de carrera. Tengo que tener cuidado no vaya a terminar como el de la canción. Última subida por la Rambla y noto que voy perdiendo algo de fuelle. Haciendo aritméticas varias, confirmo el cálculo: ando ya casi por 4' el kilómetro. Bueno, no voy mal del todo. Siguen cayendo kilómetros y toca bajar hacia el mar otra vez. Auditorio, Nueva Almería, kilómetro 17 y mi Bruce Springsteen con I'm going down (Me voy para abajo) me recuerda que quedan todavía 4 kilómetros por delante, lo suficiente para pinchar y pagar errores de cálculo. De todos modos, soy un chico con suerte y ahí están Lola y su family, que han venido a ver la carrera y animarme (gracias por los ánimos y por el seguimiento): parece mentira lo que un detalle así puede influir. Ánimos, saludos y recta final: como si me hubiera tomando un gel de glucosa, enfilo kilómetro 18 y decido que esto va a terminar medio bien. Hago más cálculos de runner aficionado y veo que, con un poquito de esfuerzo, soy sub 1h25'.  Entro en el estadio, pista y para meta: al final de la recta veo el reloj, que va ya por 1h24'40 y muchos. Esprinto: a duras penas, pero esprinto. Ahí oigo a alguien que me anima entrando en meta (gracias, Isa) y ahí nos quedamos, en 1h24'57'' y con cara de haber sufrido un poco, como se ve en la foto. El 22º de mi categoría y el 121º de la general, a 4'01'' por kilómetro. No está mal. Luego toca la ceremonia de la llegada: toses, confusión, quítate el chip, hidrátate, estira... Foto con mis compis del NoName Team y poco más. Prueba superada: la avena parece que funciona bien en el desayuno pre-competición.

domingo, 15 de enero de 2012

Crónica II Carrera Popular El Alquián y otras novedades

Trece días desde mi última entrada dan para mucho -perdón por el retraso, pero el fin de las vacaciones y fiestas navideñas, el regreso a casa y una primera semana de trabajo muy completa no me han dejado atender el blog. Y no es que haya estado parado; tal y como decía antes, trece días dan para mucho... Resumo algunas novedades importantes: ya estoy federado en triatlón, ya pertenezco a un club (el Triatlón Almería) y ahora tengo una persona que me lleva los entrenos... Mucho cambio. Espero optimizar un poco mis entrenamientos y, poco a poco, ir encaminándome a mi objetivo siguiente: un triatlón de distancia olímpica. Orden y progreso, diría: como esas dos palabras juntas suenan a partido populista de derechas, mejor no lo digo así.
Pues eso, que estoy un poco más metido en esto desde la última entrada -supongo que el federarme y el ir ampliando un poco la red social de conocidos con los que comparto algunos entrenos es básico en esto de progresar en triatlón (ya hablé de eso en una entrada anterior). Así que aquí me tenéis: aparte del CN Bahía de Almería, aparte de ser un NO NAME (un miembro de un equipo informal de una liguilla triatlética en la provincia, la Triwars), ahora soy del Triatlón Almería. Ahí es nada...
Con todos estos estandartes y lealtades encima (esto es broma, que todavía no he perdido del todo la cabeza), me he despertado hoy para participar en la II Carrera de El Alquián, mi primera competición del año, planteada como un entrenamiento rápido (lo más rápido posible) de cara a la Media Maratón de Almería de dentro de dos semanas. Como no estoy metiendo entrenamientos de calidad a pie de manera sistemática, pienso que la San Silvestre de Getafe y esta carrera bien hecha (si es que la hago bien, porque ahora mismo me acabo de despertar, son sólo las 8 y 10 de la mañana) pueden ser una ayuda para hacer una media en buenas condiciones. Tras sortear la pereza de siempre (ya sabéis: qué hago yo levantándome un domingo a estas horas), tras noquear al diablillo y aupar al angelito del espíritu deportivo, toca desayuno de rigor, preparativos y rumbo a El Alquián, barriada a 10 kms al este de la ciudad de Almería. Mañana preciosa, nada de viento y multitudes practicando deporte: bici y carrera a diestro y siniestro con el Mediterráno al fondo. Idílico.
Después toca lo que toca siempre: encontrarte con gente conocida, recoger dorsal, estirar y esperar a que empiece la carrera. Aunque quizás esta era una carrera especial: una carrera organizada por los Espartanos del Alquián, un club modélico que, en dos años, han hecho sombra a otras propuestas menos creíbles en Almería y que rezuman ganas de vivir el deporte por todos lados. La carrera ha sido, sin duda, un éxito de organización y de detalles hacia los corredores (desde aquí, olé espartanos, que sigáis así). Volvemos a la línea de salida y, eso sí que es como siempre, suena el pistoletazo de salida: a las órdenes del juez de salida y pum! Y, eso también como siempre, voy a lo que voy, voy a lo que se va a una carrera: a entrenar para la Media de Almería, sí; pero, sobre todo, a correr lo mejor que puedo y lo mejor que sé. Tramos iniciales de asfalto para pasar a la parte interesante del circuito, un lujazo de pistas y veredas entre dunas y la playa de El Perdigal. Me instalo en mi ritmo de 10k, sopesando riesgos: ayer hice 56 kms de bici (la mitad con ventarrón en contra) y temo que alguno de esos kilómetros puedan salirme al encuentro en alguna de las dunas... Otro riesgo, la arena y la pista con piedras me hacen pensar en perder ritmo o en machacarme más de la cuenta: da igual, después de todo una carrera es para eso, para correr y arriesgarse. Sigo instalado en mi ritmo de 3'50 y tantos'' por kilómetro. Con los pescados de calidad del Perdigal como testigos, van cayendo kilómetros, el 5, el 6, el 7; esto huele a retorno hacia el núcleo de El Alquián. Efectivamente, últimos tramos puñeteros y volvemos al asfalto: tengo la suerte de ir junto con un atleta local y entro en el pueblo en olor de multitudes (hay que saber a quién pegarse en una carrera...). Bulevar, ida y vuelta. Giro a la derecha (otra vez, las ironías de la vida, yo girando a la derecha) y entrada en meta. 39'38'', a 3'57'' por kilómetro, puesto 21º de la general (de 379 llegados) y 5º de mi categoría. Primera carrera del año hecha y disfrutada debidamente. Así de satisfecho me quedo hoy.

lunes, 2 de enero de 2012

Cómo fijarse objetivos deportivos: mi calendario 2012

La elección de objetivos deportivos y competiciones para el año es una de las cuestiones importantes del principio de año. En este comienzo de 2012  me ha gustado mucho leer la entrada del blog de los SWIMSMOOTH sobre cómo fijarse objetivos para este año. Los cinco consejos que dan son muy claros y, aunque no son nada revolucionario, me han gustado porque siempre agrada volver a leer de manera clara y concisa las ideas en las que uno cree. Aquí va un resumen:
1. Que tus objetivos sean algo real y medible; es decir hay que huir de las generalidades y de los objetivos abstractos
2. Asegúrate de que tus objetivos sean algo que de verdad te importe y que te haga sentir bien
3. Elige objetivos que no sean ni demasiado difíciles ni demasiado fáciles
4. Date una fecha adecuada que te permita introducir mejoras para lograr el objetivo: un periodo de 4 a 8 meses es el más adecuado; si el objetivo está más alejado en el tiempo, asegúrate de que introduces algunos sub-objetivos para ayudarte en el camino y mantenerte motivado
5. Informa a alguien sobre tus objetivos; de esta manera te sentirás más comprometido
Dicho todo esto, ahí van mis objetivos deportivos para 2012:
-mantener mi nivel de carrera a pie, sub 40' en 10k
-subir sensiblemente mi kilometraje semanal y mensual de bici
-mejorar mi tiempo en el agua: sub 1'45'' en 100m, sub 22' en 1000m
-realizar mi primer triatlón olímpico
En cuanto a mi calendario para el primer semestre de 2012, en principio quiero competir al menos en las siguientes pruebas:
15 enero: II CARRERA POPULAR EL ALQUIÁN
29 enero: XV MEDIA MARATÓN CIUDAD DE ALMERÍA
4 marzo: IV TRAIL CABO DE GATA
18 marzo: I DUATLÓN CIUDAD DE ALMERÍA
15 abril: IV 10Km PUERTO ALMERÍA
28 abril: XXIII TRIATLÓN FUENTE ÁLAMO
20 mayo: V TRIATLÓN OLÍMPICO LOS ALCÁZARES
17 junio: VII TRIATLÓN CIUDAD DE ALMERÍA
Adelanto que, en el segundo semestre, hay un objetivo que me encantaría pero que, por motivos obvios, está todavía bastante en el aire: el medio IM de Cabo de Gata del 21 de octubre. Todo dependerá de cómo vayan las cosas en el primer semestre. Pues ya está,  calendario medio resuelto al menos para el primer semestre...

sábado, 31 de diciembre de 2011

Feliz 2012: crónica de la XXX San Silvestre de Getafe y otras cuestiones

Cómo pasa el tiempo! Otra vez con las uvas compradas para celebrar la Nochevieja, otra vez en el rincón de pensar aireando neuronas. Sí: termina 2011. Un año deportivamente intenso, con un total de 368 horas de entrenamientos (sin contar pesas, abdos y estiramientos) y con los siguientes números:
swim: 271.000 metros
bike: 859 kms
run: 2255 kms
El año en que más metros he nadado en mi vida y, probablemente, el año en que menos he competido. Pocas carreras y muy elegidas: este, sin duda, ha sido el año de los entrenamientos y de mi debut en triatlón. Tres triatlones sprint con desiguales resultados pero con la sensación compartida de que esto, deportivamente, es lo que me gusta -no sé si puedo decir que este año me he convertido en triatleta, me he metido más de lleno en el triatlón o he seguido simplemente triatloneando. Para gustos y denominaciones y concepciones triatléticas, colores. En todo caso, es igual: lo importante es que he completado un ciclo y ahora comienza otro. De continuidad, de mejora o de empeoramiento, sólo lo podremos saber con el tiempo. Ha sido también, no se me puede olvidar mencionarlos, el año del CN Bahía de Almería, un colectivo acogedor en que me he empezado a integrar y con el que he comenzado a entrenar el arte de la natación en serio.
Con todos esos números (muy criticables en el sector bicileta, sin duda) y con esos tres sprints flamantes en el palmarés, podría haber afrontado el último sector del año de manera optimista y pletórica -por circunstancias de la vida extradeportiva y también de la deportiva, el mes de diciembre ha sido, sin embargo, un viaje a los infiernos. Los malos pasos del cerebro, la manía esta mía de darle más vueltas a la cabeza de lo necesario, han logrado que me sienta el último eslabón de la cadena no sólo del deporte mundial sino incluso del deporte de mi barrio. Y claro, así soy yo: o bien voy con la quinta metida y me siento el máquina más máquina de los máquinas, o bien meto marcha atrás y me siento lo peor de lo peor. Dando marcha atrás estábamos estos últimos tres días, con solitarias sesiones de natación en la piscina de Los Cantos y entrenos por el Parque Polvoranca, cuando encima de todo me resfrío. Así, esta mañana, y aquí empieza la crónica de la XXX San Silvestre de Getafe, me he despertado con una congestión interesante y con muy pocas ganas de correr carrera alguna. Afortunadamente, he entendido todo enseguida y, sin ser muy consciente de ello, he tirado para Getafe dispuesto a echar el resto...
La San Silvestre de Getafe es una clásica del calendario madrileño: no tan conocida como la Vallecana, se celebra por la mañana del día 31 y tiene algunas peculiaridades interesantes, por ejemplo que los ganadores reciben como premio su peso en langostinos... Una San Silvestre de barrio, pero muy consolidada a nivel de organización y clubes: una carrera donde se puede ver a gente muy potente y muy veterana -las típicas caras de esos runners que llevan décadas de épica popular. Una mañana muy fría, 1-2ºC, y salgo del metro para recoger el dorsal y para encontrarme con Vidal: Vidal es un amigo que hace carreras de montaña y ultrafondo, la caña. Nos hemos puesto al día y nos hemos contado las cosas que nos preocupan y nos gustan de lo que hacemos. Con la cháchara nos ha dado tiempo justito para calentar y, después, la cosa ha sucedido como siempre sucede: calentamiento, achuchones en la multitud de la salida y pistoletazo... Como tantas veces, he oído esa voz interior de tonto el último y me he dado cuenta de que había ido a Getafe a lo que había ido, a por un chute de endorfinas que me ayudara a terminar el año en clave de optimismo. Y el chute ha llegado: a pesar de mis estúpidas dudas, he hecho una carrera a mi mejor nivel. Se trataba de eso, de correr y reventar, y eso he hecho: primeros kilómetros zafándome del grueso de 1500 corredores (increíble que la gente que quiere llevar ritmos de 5' por kilómetro se ponga en las primeras líneas de la salida), consolidando ritmo y, una vez que la cosa estaba más o menos definida, haciendo grupo con unos cuantos que seguramente perseguirían el mismo chute de endorfinas que yo. Veo que el cuerpo aguanta, que me he olvidado del resfríado y que, aunque voy corriendo con malla larga y con un paquete de klínex en la manga, voy. Por lo menos hasta el km 7, momento en que me da un flatazo del quince -decido ignorarlo (qué poderosa es la mente cuando se propone ignorar cosas) y sigo con mi lema: corre y revienta al mismo tiempo. Al final entro cómodamente en los dos últimos kilómetros, reflexionando sobre la cantidad de gente que veo con monos de clubes de triatlón y sobre el nivel tan alto que están alcanzando las carreras populares en España: última cuesta, giro a la derecha (ironías de la vida) y entrada en meta en 39'18'' tiempo oficial, 39'07'' tiempo neto, puesto 127º de 1397 llegados, 28º de mi categoría, ritmo de 3'54'' por kilómetro y 21 segundos menos que mi mejor tiempo en esta San Sil. Siendo consciente de que no he conseguido ninguna proeza, la carrera me ha devuelto un poco el optimismo deportivo. Me ha demostrado también que todos los entrenamientos que hago me están sirviendo de algo. Poco más: aquí se queda esta crónica, aquí se queda 2011. 2011 ha muerto, viva 2012! Sólo me queda desearos un feliz año a quienes seguís este blog, a quienes me conocéis y a quienes compartís conmigo algunas de las chispas de la vida, deportiva o extradeportiva. Mucha fuerza!

lunes, 19 de diciembre de 2011

TRI-BIRTHDAY 2011: triatloneando en mi cumpleaños

 Ayer fue mi cumpleaños: cayeron una exageración de años -pero bueno, olvidémonos de las cifras porque, tal y como acabo de leer en el blog de Swimsmooth, no parece que la edad sea un factor tan limitador ("los tiempos de carrera muestran que no hay un empeoramiento relacionado con la edad, por lo menos no tan grande como se podría esperar"). Después de leer esto esta mañana, me he tranquilizado (juas juas) y aquí me tenéis, dispuesto a contar mi particular celebración de mi cumpleaños de ayer.
Desde el jueves o así tenía el barrunto de que me merecía una frikada de categoría y, ante la falta de infraestrucutra y de tiempo para correr la voz de un triatlón pirata, pensé en hacer un triatlón a mi manera a lo largo de todo el domingo 18. Se trataba de meter volumen de entrenos en una semana con tres días en blanco; también quería comprobar cómo van las cosas para hacer un olímpico y, lo más importante, quería celebrar. Y claro, como tengo claro que el deporte es algo así como una especie de puñetazo en la cara al paso del tiempo, mis entrenos de ayer se conviritieron en el TRI-BIRTHDAY 2011, una celebración no del triatlón sino de mí como deportista (juas juas, más risas en off).
La cosa empezó a las 10 de la mañana, en la piscina del Pabellón, con las cinco cañas de la noche anterior dándome todavía vueltas por las neuronas -allí que empecé, en una piscina casi vacía, mis 1500 metros: malísimas sensaciones, lento y torpe en el agua... El cloro intenta lavarme las culpas de las cervezas y la ilusión de que estoy celebrando intenta hacerme olvidar que la mañana del sábado me había metido 2200 metros de buen entrenamiento. En fin, que me voy a 40 minutos; me aclaro en la ducha y me instalo en T1 -me voy a casa a coger la bici, recupero con una mandarina, y a las 11.30 (menuda hora de salir en bici con las calles y carreteras llenas ya de tráfico dominguero) tiro para las Cuevas de los Úbeda: sensaciones normalitas, sin ningún problema pero sin ninguna chispa tampoco. Hay un viento raro, de ese que viene de todos lados y, al mismo tiempo de ninguno, que hace que la ida se haga un poco tediosa. Subo sin problemas, me doy la vuelta y logro tramos con más ímpetu... Al final, 53 kms en 2 horas 4 minutos. Me doy prisa porque a las 2 y cuarto he quedado para comer: comida de celebración que, tras la ducha, marca el comienzo de la T2. Una T2 larguísima, con más cerveza, ensaladas, lasagna, crêpe, chupitos de orujo, una buena siesta y una ingente dosis de pereza. Sin embargo, los compromisos son los compromisos y ahí que me marco mi carrera a pie: al final, sólo 8 kms (en vez de los 10 inicialmente previstos) a un ritmo normalito de 5' x km. Ganas de terminar y entrada en meta. Última ducha del día y a saborear la cena: qué hambre! No ha estado mal, contento de haber hecho una de mis burradas, nada contento con los tiempos de ninguna de las etapas. Pero, seamos justos: el día que haga mi primer olímpico espero no estar bajo los efectos de las cervezas ni de los orujos ni enfrentarme a un recorrido de bici de 400 metros de desnivel ni de 53 kms en vez de 40.
Por lo demás, con ganas de participar en un pirata en toda regla (el Medio IM Clandestino del fin de semana anterior me dio tanta envidia...). Así que, como habrá oportunidad de seguir dándole puñetazos en la cara a la edad y al paso del tiempo, no descarto nada para el futuro. Ahí nos quedamos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Humildad... y paciencia

Paciencia y barajar, amigo Sancho. Pareciera que esta frase la hubiera escrito Cervantes pensando en futuros aprendices de triatleta. Y no lo digo sólo porque el triatlón tiene mucho de quijotesco, sino porque esta semana ha sido, cuando menos, rara: plagada de días de fiesta, un puente, un lunes que no era lunes y dos días que no lo eran y que sin embargo funcionaron como tales. Para colmo, he empezado mi plan de ajuste de entrenos y, aunque todo ha quedado en una especie de entrenus interruptus (las sorpresas del viento, la pereza de las mañanas de invierno, el estrés del trabajo acumulado y acumulándose, el cansancio, las cervezas y comidas de diciembre han tirado por tierra algunas de las sesiones planificadas), a pesar de todo eso, esta semana ha marcado una especie de punto de inflexión. Un par de días nadando (uno con los Bahía, uno por mi cuenta), tres días de carrera a pie (sí, sólo tres, ahí va uno de los cambios), y dos días de bicicleta (sí, por fin dos días: dos días que debían ser tres pero que no están mal después de muchos meses haciendo tan sólo intentos de un día a la semana con la Trek). ¿Por qué punto de inflexión? Porque de repente, por muchas cosas, uno se da cuenta de que le queda mucho muchísimo por delante como aprendiz de triatleta. He escuchado muchas voces esta semana, voces internas, voces externas, que me han recordado que el triatlón es duro, muy duro. He escuchado a mis piernas corredoras, que continúan adaptándose, como pueden, a aguantar carros y carretas, aletas y cadencias... He visto con mis propios ojos cómo está el patio y cómo estoy yo -y el resumen es que me he recetado seguir chino chano con mi plan de mejora, ya sabéis: mejorar en el agua, hacer kilómetros de bici, mantener con lo justo mi forma de carrera a pie... Y, también, punto de inflexión en mi manera de pensar, he añadido un objetivo o dos más al plan: ni estresarme ni compararme con nadie más. Que cada uno es cada uno y,  ya que las travesías del desierto se hacen mayormente en solitario, si uno se compara todo el rato con lo que hay por ahí y pierde la noción de uno mismo, se corre el riesgo de convertir el triatlón en una tortura psicológica. Y no, hasta ahí podíamos llegar, no estoy dispuesto a ser carne de psicología deportiva... En resumen: unas semanas pintan gloriosas y otras pintan un poco más grises; y así, en tonos grises, sucedió esta semana y así se la hemos contado. La semana que viene tocará ver todo desde la óptica optimista que me caracteriza para volver a apreciar los proyectos ilusionantes y divertidos que tengo en el camino. De momento, en esta noche de domingo, paciencia y barajar.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Inspiración


Ya sea porque a veces necesitamos algo de inspiración para seguir motivados, ya sea porque hacer deporte o contemplarlo como espectadores nos inspira para ser mejores personas o para vivir mejor. Sea por lo que sea, el deporte es inspiración. En este fin de pretemporada, en que empiezo a delimitar objetivos concretos, no puedo evitar tener que recurrir a la inspiración que me motive y me ayude, por ejemplo, a hacer la pirámide de fartlek que me toca hoy. No puedo evitar, tampoco, recurrir a la inspiración para motivarme cuando los objetivos van teniendo un nombre y algunos apellidos -ahí van algunos: la San Silvestre de Getafe, a Carrera Popular de El Alquián, la Media Maratón de Almería, mi primer triatlón olímpico, y, por qué no, la Quebrantahuesos. Este último es un pedazo de objetivo, sí señor, un objetivo con nombre y apellidos que se me ha plantado en el camino así como quien no quiere la cosa, gracias a mi amiga Nines.
Para lidiar con los desánimos que, aunque algunos no se lo crean, tengo cada dos por tres, ahí arriba va un pedazo de video para motivarse e inspirarse. Tres quintales de belleza, tres quintales de inspiración, tres quintales de explicaciones: las caras que aparecen en el clip me han vuelto a explicar hoy el por qué de las cosas. El por qué empezó todo y el por qué continúa. Para cuando la necesitéis, ahí arriba tenéis, gracias al amigo Vidal, esta joya de la motivación.