El diario de un outsider residente en los arrabales del trimundo

miércoles, 17 de abril de 2013

Los restos del naufragio

Lamerse las heridas las hace, seguramente, más grandes. Aun así, aquí sigo: instalado en una especie de shock traumático paralizante que no me deja pasar página después de lo de Elche. Lo sé: soy complicado, un tío entusiasta donde los haya pero demasiado proclive al autoanálisis y a la perfección y a la exigencia y a la autoexigencia -en todos los ámbitos de mi vida, ya sea en lo deportivo, en lo profesional, en lo emocional, en lo familiar, me acabo dando un buen porrazo en la cara porque, a menudo, mis expectativas no conciden con lo que hay. Ya sabéis, el etorno binomio: la realidad y el deseo. Tampoco estoy seguro de que esté bien esta continua exposición al público; como dice la amiga Belén, no es preciso que retransmita cómo me desangro en público. En cualquier cosa, siempre he sido mucho de escribir (soy un chico de letras) y creo firmemente en las propiedades terapéuticas de la escritura. Igual que el otro día decía que no me concibo sin actividad física, tampoco me concibo sin leer y escribir. También me consta que, aunque parezca extravagante y enrevesado lo que escribo y un tanto alejado de lo deportivo, hay algunas personas deportistas que encuentran inspiración en este blog y entresacan consejos que les sirven para su propio desarrollo. El que sean pocas esas personas me anima a escribir aun más...
Pero bueno, volviendo al principio, lo peor de todo no es la parálisis, lo peor de todo es seguir sintiendo miedo. Miedo y una indescriptible soledad ante una travesía de una estepa para la que no tengo mapas. En tres días me está dando mucho tiempo a pensar quién soy como persona y como deportista. Peligroso venirse abajo por algo que, objetivamente, no tiene la menor trascendencia. Sin embargo, miro a mi alrededor y veo que, en los últimos meses, he oído, leído, encontrado bastantes casos de damnificados por la práctica deportiva tomada demasiado en serio. Uno pone demasiada carne en el asador y, al final, acaba oliendo a humo o, directamente, quemándose las manos. Lesiones físicas o lesiones psicológicas: la carne o el espíritu.
Objetivamente detecto que hay varias cosas que debo mejorar si quiero seguir en esto: en primer lugar, mejorar, sea como sea, la natación; en segundo lugar, y esto hay que decirlo bien claro, superar el miedo a la natación en aguas abiertas (esto, que está producido por una inseguridad en el agua motivada por mi mala natación, es la razón primordial por la que el pánico no me dejó ir a la cámara de llamada en Elche); en tercer lugar, recuperar el placer de entrenar y la motivación por el deporte (está claro que, aunque los entrenamientos sean exigentes, si la motivación y el disfrute están ahí, las cosas salen solas); en cuarto y último lugar, pasar de la trisociedad -ocuparme de mí, de quien me quiere y también del puñado de gente maja que he conocido haciendo deporte. Analizando sensaciones, percepciones y motivación, echo mucho de menos el anonimato de mis primeros triatlones -el no conocer a nadie, el no tener ninguna presión de grupo es una sensación que, sin duda, quita mucho hierro al asunto. Y, claro, luego está la típica y extendida confusión: hacemos triatlon, somos una familia. Mentira -eso es una gran mentira. Prueba de ello es que estos días me han servido para saber quiénes de esa supuesta familia son amigos (o, al menos, personas a las que importo) y quiénes no. Cosa que, por otra parte, es lógica, pero que pone al descubierto cómo funciona la trisociedad: que me vean (en el mundo real o en las redes) con los máquinas, pero que no me vean, por favor, con los que no siguen el guión´de las triconvenciones y de otras convenciones sociales más relacionadas con la vida de cada cual. Y me siento incluso un poco reconfortado al sentir que el no seguir el triguión (sentir pánico y no acudir al bocinazo de salida es algo que se aparta escandalosamente del guión; lo suyo es hacerlo sí o sí e incluso exponerse a un ataque cardiaco por ello, como ya ha pasado alguna vez); decía, el no seguir ese guión me reconforta, en parte, porque es un acto de rebeldía.Y, cuidado, que no se me malinterprete: me gusta el triatlón, me gusta hacer triatlones y me gusta nadar, andar en bici y correr (no sé si en ese orden). Que nadie lo dude porque si no, no estaría ni aquí escribiendo ni me habría partido los cuernos en los últimos años por haber subido el escalón o los dos escalones que he subido en mi progresión. Que nadie lo dude: llevo años como corredor y llevo años preparándome para hacer triatlones. Así que las dudas sobre lo que me gusta y lo que no están de más (perdonad el tono pero es que a veces se me percibe como un recién llegado a la actividad física y al tri, y eso, perdonen que no me levante, no).
Bueno, eso son cosas más o menos objetivas. Subjetivamente, me siento un tanto perdido. No hay ni GPS ni mapa que me digan cómo van a salir los próximos meses. (Quizás, paradoja de las paradojas, eso es una de las grandes cosas que voy a sacar de todo esto: el reseteo y el ir resolviendo incógnitas poco a poco). Otra de las cosas que, subjetivamente, siento es una gran pena al escuchar la canción del vídeo -esa, durante los últimos dos años, había sido mi canción fetiche a la hora de desplazarme a las competiciones. Me encantan los Manel -esta canción en particular contribuía al subidón precompetición, en parte por el estribillo. Hoy escuchando otra vez la letra, le encuentro, si cabe, más sentido incluso:

Guardeu-vos forces bona gent, potser ens veurem un altre dia
sabem que volíeu fer més, però que hi farem així és la vida
t’equivoques d’uniforme i dispares a qui més estimes
t’equivoques de remei, i va i s’infecta la ferida,
i alguna estona que us penseu, també ens agrada estar contents
però sembla tant clar que ens equivoquem, com que ho anem a fer
però sembla tant clar que ens equivoquem, com que ho anem a fer


Pero parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer. La canción sonó en el viaje a Elche varias veces pero no conseguía conectar con ella. Esta mañana he vuelto a escucharla y la conexión ha vuelto. He sentido, como digo, una gran pena (pena, y, por qué no decirlo, la sensación de que, si llorara durante tres o cuatro horas seguidas, como un crío chico, probablemente sentiría espacio para lo que tiene que venir en lugar de esta parálisis). Pues eso, al menos he sentido.

lunes, 15 de abril de 2013

Elche-Arenales 2013: la gran espantá

Laberinto de cañas en la playa de Arenales. Toca buscar la salida
Intro: alehop!
Ya estamos de vuelta de Elche. Como algunos ya sabréis, no hice el MD de ayer -no es que abandonara, es que no me levanté de la cama. Supongo que, en lenguaje técnico y en las clasificaciones figuraré como uno de los no presentados en Arenales113 2013. El mayor error fue acudir a una prueba para la que, físicamente, me encontraba sobradamente preparado (estoy hablando de terminarla) y mentalmente en un estado desastroso. Motivación CF, 0 -CD Miedos, Paranoias y Ansiedad, 8. La goleada fue histórica, de eso no puede caber ninguna duda.Antes de proseguir con esta anticrónica, una advertencia importante: no creo que tenga autoridad moral ni deportiva (Elche hubiera sido mi décimo segundo triatlón) para hacer juicios de valor sobre nada relacionado con el triatlón. Que nadie considere mis percepciones y mis opiniones como algo más que eso, meras opiniones y percepciones personales. Ni juzgo ni critico a nadie -sólo a mí mismo.
Tragicomedia en dos actos
¿Cómo se desarrollaron las cosas? Pues tras unos días de intenso debate interno deshojando margaritas, tras unos días de luchar a favor y en contra de las expectativas (las mías y las ajenas) en las redes sociales, aterrizo en Elche en la tarde del sábado. Uno de los mejores triatlones de la Península y del mundo mundial, que en 2013 ha establecido un nuevo récord de participación en 1300 triatletas. Pues lo dicho; como a las cinco de la tarde, desembarco en el paseo marítimo de Arenales en busca de mi dorsal y chip. La verdad es que parecía un emigrante español en Alemania en los años 60. Me faltaba la cara de Alfredo Landa, la maleta de cartón y el pollo colgado del manillar de la bici. Bueno, la sensación era como si hubiera llegado a Düsseldorf procedente de Villanueva del Gatillazo: entre cabras, ruedas de perfil, triatletas uniformados con ropa de compresión de todos los calibres, chiringuitos dispensando geles y complementos nutricionales, tenderetes dispensando toda suerte de gafas, prendas, neoprenos, más ruedas de perfil, aglomeraciones, caras conocidas y desconocidas; entre todo eso, digo, me planto yo con mis vaqueros y mi cazadora Dunderdon como si fuera a tomar una cerveza por Södermalm. Lo más grave es que, además de vaqueros y chupa en plan pureta moderno, llevo de la mano a mi Trek de aluminio y... prepárense para la sorpresa: sin acople. Bueno, sorpresa ninguna, porque no creo que nadie reparara ni en mi chupa, ni en mi Trek ni en la falta de acople. La sorpresa fue exclusivamente mía al entrar en ese territorio habitado por los triatletas de verdad. Los que hacen media y larga distancia. Los que no están pendientes de predicciones de oleaje porque van a nadar sí o sí. Porque van a nadar más agusto, incluso, si hay olas tremebundas que convierta el triatlón en una verdadera y heroica exhibición de actitud y de poderío de testosterona y endorfinas. La épica de este deporte, ya sabéis: cuanto más duro, mejor. Cuanto más podamos fardar, mejor. La sorpresa era predecible. Quizás no tanto el sentirme tan absolutamente fuera de sitio en medio de la triturba. No todo fueron sorpresas negativas: también charlé e hice un poquito de sociedad (cuánto me gusta hacer sociedad) con alguna de la buena gente que conozco y está metida en esto hasta las cejas. También sorpresa positiva protagonizada por la organización: gestionar tal aglomeración y rebaño de cabras debe ser muy complejo, así que enhorabuena y a seguir así...
Una vez solucionado el tema de dejar la bici en boxes, toca ir para L'Altet, la pedanía donde está el hostal base de operaciones. Deprimente pasar la tarde de un sábado en un sitio así, la verdad. Deprimente también el hostal. Una noche más en tal sitio y uno acaba cortándose las venas en la bañera de la habitación. Eso es así. El caso es que el entorno es tan poco inspirador que decido tomarme un par de cervezas para aliviar presión, a la vez que malcenamos en un bar de montaditos bravíos -la mejor cena para afrontar una competición al día siguiente, sin duda.
Todo va cobrando forma. Temores y sombras que se van proyectando en la lona blanca de mi cabeza. Las previsiones de oleaje en Arenales del Sol a las 8 de la mañana, hora de mi salida, dan una altura  de 1 metro. Intento visualizarme llegando a la primera boya -al fin y al cabo, he comprobado in situ que no están a una distancia tan imponente de la orilla -es algo enteramente asumible y factible, me repito una y otra vez delante de la horchata que me he tomado, de las cervezas y, por supuesto, de los montaditos. Lo de las olas es más peliagudo. Pienso y repienso. Doy vueltas y más vueltas y así sigo, dándole vueltas al mar, a las olas y a la temperatura del agua, desde que me meto en la cama a las 10 y media. Duermo algo, por fin; pero antes de las 3 estoy despierto para no volver a dormirme. Estoy a bordo de una verdadera tormenta -las olas las estoy produciendo yo con la sugestión y con los miedos. Qué malo es pasar miedo. Qué malo es, sobre todo, el miedo por la noche. Qué malo es cuando eres consciente de que estás sufriendo un verdadero ataque de pánico cuando deberías estar durmiendo plácidamente. Vueltas y más vueltas -intento ser racional, intento visualizarme por enésima vez. Pero no hay suerte. Al final, cerca de la hora de levantarme, cuando el hostal empieza a sonar y resonar por todos lados con triatletas que se preparan para acudir a Arenales en heroica procesión, yo tomo la decisión -no voy a levantarme. No me veo descansado y, sobre todo, no puedo ir a hacer un triatlón con semejante estado de ansiedad. Tomo la decisión y siento un profundo alivio -creo que he gastado tantas kilocalorías esta noche como si hubiera hecho el MD; quizás me equivoque en el cálculo, pero ¿cuántas neuronas habré quemado? Me quedo dormido y mi única preocupación ahora es recuperar mi bici. Sacarla de boxes y salir de la provincia de Alicante lo antes posible. El resto es imaginable. Despedida de boxes y de los Arenales del Sol a la francesa y con un sabor en la boca como a chicle de esos que, a fuerza de mascar, han perdido todo el sabor.
Vuelta a casa
Lo que más me ha sorprendido de toda esta movida es lo fácil que ha resultado sacar conclusiones y escribir esta entrada tan difícil. La primera conclusión es que tengo que tomar una serie de decisiones (algunas están tomadas ya) que me ayuden a salir de este bloqueo absurdo. He pasado en cuatro meses de estar contento con lo que hacía, de concebirme como un triatleta, a una situación de parálisis en que el triatlón me produce dolor. Me duele lo que no soy, me duele lo que no sé hacer, me duele lo que no hago y, colmo de los colmos, me duele incluso lo que hago porque creo que lo hago mal. Esto es, emocionalmente, una ruina e incluso he barajado la posibilidad de necesitar ayuda psicológica profesional. Sin duda hay muchas cosas que influyen en cómo me siento (tener una madre de 90 años que, poco a poco, va teniendo más y más complicaciones en su vida diaria es algo que tiene mucho que ver en la escena general), pero muchas de las razones están relacionadas directamente con mi práctica deportiva (falta de progreso en el agua, sobreentrenamiento, excesiva competitividad, excesiva exposición al grupo, falta de autonomía y de entrenar por placer).Vuelvo a la seguridad de casa y me pregunto. Tantas preguntas surgen que parece que me hago una entrevista. ¿Qué ha pasado en mi vida, en mis entrenos, en estos últimos meses para acabar así? ¿Cómo las ilusiones de meses, de años de partirme los cuernos por intentar nadar un poquito mejor, pueden acabar en un ataque de ansiedad ahogado por las sábanas y por la luz de seguridad de la habitación de un hostal de tránsito?
Conclusión: hacia la salida
Creo en la actividad física -me es imprescindible. Me gusta nadar, me gusta montar en bici, me gusta correr -me gusta hacer triatlón. Tengo que librarme de lo que no me gusta -la presión del grupo, el falso compañerismo, las falsas amistades de las redes sociales, las presiones de un deporte grupal convertido en feria de la testosterona, de la competitividad, de la imagen pública, del negocio, del postureo y de los eslóganes fáciles. Me urge volver a ser el que yo era hace unos meses, el que llevaba siendo desde que empecé un proyecto ilusionante como era hacer triatlón y con el que la gente que me quiere me veía ilusionado y lleno de energía. Me urge volver a retomar el deporte como manera de esquivar los miedos y bofetones que nos sirve la vida en bandeja. Me urge volver al convencimiento de que hacer triatlón implica llevar una vida sana, proactiva y comprometida con el medio ambiente. Me urge ser yo mismo otra vez y salir de dinámicas pesimistas. Me urge encontrar la salida. Seguir con el guión de competiciones es lo menos importante ahora. Lo más importante es recuperar mi cabeza de hace unos meses. Y, aunque ahora mismo el GPS está buscando señal, creo que no voy a permitir que la salida pase por dejar de montar en bici, dejar de nadar o dejar de correr. Espero haberme expresado con claridad.

jueves, 11 de abril de 2013

Previo de Elche-Arenales 2013: mariposas en el estómago mar adentro


A por la primera boya! En San Francisco, no en Elche
Me gustaría ser un triatleta de esos que no tienen miedo al mar ni a las olas. Un triatleta de verdad. Un triatleta sólido. Empezar la tritemporada 2013 con un medio IM, así, por todo lo alto, a todo estrozo, tiene mucha miga. Quizás hubo un error de cálculo o quizás tuve, al planificar con entusiasmo (también cuidadosamente, eso sí) todo el calendario una especie de espejismo -creo que hubo mucho de esto: a principios de año todavía tenía un montón de esperanzas sobre mi mejora y confianza en el agua. Lo mismo tendría que haber sido más realista y haber optado por algo más llevadero, un sprint con solera como Fuenteálamo, sin más. Lo que debería haber sido y lo que es, o está a punto de ser. La realidad y el deseo. Juas.
El caso es que, a tres días de Elche y tras haber medio superado un amargo bache en que me he planteado dejar Elche e incluso el triatlón por una temporada, siento una cierta ilusión, no lo puedo negar. Estoy a punto de hacer o intentar hacer uno de los triatlones con más tradición y más ambiente de España. Un triatlón en el que se trata bien al triatleta y en el que los triatletas importamos. Vale. Todo eso está muy bien. Testimonios de expertos me aseguran que es un MD fácil, con un recorrido fácil y con un mar que no suele estar agitado. Vale. Todo eso está estupendo. Más testimonios de expertos me aseguran que es un triatlón para pasarlo bien y disfrutar y para dejarse llevar por el tri-espíritu. Vale, vale. Estupendo.
Aun así, además de esa ilusión, tengo una colonia de mariposas dando vueltas por el estómago: en otras palabras más llanas, tengo un canguele importante (por no decir galopante). Y es que  llevo días (y con el subconsciente, probablemente semanas) pensando en esa segunda boya a 550m de la costa: vamos, al ladito de Menorca. Esto pone de manifiesto que mi manera de entender la natación en aguas abiertas (especialmente en el mar) sólo puede ser calificada como de principiante absoluto. Sin duda, ganar confianza en el mar es una de mis urgencias si es que quiero continuar con todo esto. De hecho, una de las ideas que el domingo me puede animar a echarme al agua con alegría es pensar que esa boya a 550 metros de la orilla es una especie de rito de paso para evolucionar y seguir con esto. Así que, a bordo de  páginas web con animaciones de olas y de vientos y de temperaturas del água (internet es el paraíso de los frikis de todos los estilos), me sorprendo pensando que esto habrá que intentarlo -que no queda otra y que el domingo tocará un madrugón de muerte (mi salida es a las 8 de la mañana, por lo que tendré que levantarme a las 5.30 o antes) y mucha fortaleza mental con el mantra boya-boya-boya dando vueltas en la cabeza.
Volviendo al principio de la entrada: a veces, sólo a veces, también me gustaría ser un triatleta de los que no expresan (al menos de manera tan expuesta y tan abierta) sus emociones. Este enfoque tan emocional del triatlón en un espacio público como un blog no creo que me favorezca mucho de cara a la galería del tri. Exponerse de esta manera, con algunas luces y con tantas sombras, es un tanto atípico y desentona en el mundillo, donde se estilan más otros postureos (cómo se ha puesto de moda esta palabra en el deporte) que el andar llorando por las ciberesquinas. Lo sé. Es por eso que, a menudo, me pregunto de dónde salen los lectores de este blog: creo que, del mundo del triatlón, debe salir tan sólo un porcentaje mínimo. A propósito de todo esto, el otro día me sorprendió un comentario de una amiga virtual de Twitter -Nayra me daba las gracias por escribir aquí y me comentó que estaba sobrecogida porque mi honestidad desarma. Eso de presentarme tal y como soy, con esas luces y sombras, es algo que, desde el principio he hecho en el blog. Me gusta seguir con este enfoque deportivo intimista con el que otra amiga, Carmen,  calificó Triatloneando. Y sí, me encanta escribir de manera honesta sobre lo que pienso y siento y me encanta abordar el tri como un proceso de evolución personal. Pero aun así, me hace gracia pensar lo que el mainstream del triatlón pensará si se encuentra con estas entradas tan retorcidamente emocionales. Cerramos el previo con unas preguntas curiosas: ¿es Triatloneando un blog de triatlón? ¿ha servido alguna vez de algo desde el punto de vista deportivo o de entrenamientos? ¿son los lectores de estas entradas triatletas o deportistas? Y, una muy importante y con mucha retranca: ¿se puede ser triatleta sintiendo tanto canguele al pensar que la segunda boya de Elche está medio kilómetro mar adentro?
P.S. Obvio una pregunta por evidente: ¿sabe el aprendiz de triatleta a lo que se expone emocional y deportivamente el domingo?

sábado, 6 de abril de 2013

Destellos. Visualización. Música


He corrido alrededor de Sognsvannet para algo. He llegado hasta aquí por y para algo
Destellos
Paseo Marítimo de Almería. Wimbledon Common. Thames Path. Cañada Real Soriana. Djurgården. Eriksdalsbadet. Piscina de la UAL. Piscina de las Almadrabillas. Parc de la Ciutadella. Piscina de Los Cantos. Parque Polvoranca. Carreteras de Almería. Carreteras de Segovia. El Pinar de Collado. Piscina de Guadarrama. Piscina de Villalba. Piscina de La Canaleja. Ría de Bilbao. Sognsvannet,Oslo. Málaga. Vilnius nevado. Copenhague. Helsinki. Amsterdam. Piscina de El Espinar. Playa del Zapillo. Central Park. Hudson River Park. Delsjön Naturreservat, Göteborg. Cordeles y cañadas por Basardilla. Parque del Clamores y el Eresma. Canal de Castilla. Playa de la Barceloneta. El Mediterráneo en Cartagena y en Benidorm. El Guadalquivir por Sevilla. Caminos de Liérganes. Piscina de Los Angeles. Carretera forestal San Rafael. Lago Mälaren. La Fuente la Bicha. Playa de Punta-Umbría y El Rompido. Carretera de Tetuán a Martil. Frogner Park. Kungsholmen... Lugares. Talismanes. Corazón
Visualización
Si he corrido, nadado y montado en bici por tantos sitios es, indudablemente, porque me gusta hacerlo. Si he transportado zapatillas, bici e incluso neopreno en viajes, vacaciones y carreras y competiciones varias es, necesariamente, porque esto me gusta. De ahí que, ahora, la prioridad sea pensar en todos esos lugares. Todos esos momentos y buenas experiencias que me han hecho acumular los lugares, mis piernas e, incluso, mis brazos. Ahora la prioridad es esa: salvar muebles, momentos, sensaciones, lugares, personas y, sobre todo, salvarme a mí tal y como soy y me he entendido en los últimos años. No puedo dejar que ciertos errores, ciertas tendencias, ciertas presiones en el mundo del tri o en mi cabeza me vayan a hacer entenderme de otro modo. Por eso, la prioridad ahora es visualizarme entre las boyas del recorrido del mar en Elche. Creérmelo y tirar #palante. Va a ser una semana dura, pero estamos intentándolo.
Música
Después de tanto desánimo en mis últimas entradas del blog, os regalo un pedazo de optimismo y alegría. Por si no los conocéis, aquí os presento a Of Monsters and Men -la canción se llama Little Talks y viene con mensaje: "...cause though the truth may vary, this ship will carry our bodies safe to shore" -porque, aunque la verdad puede variar, este barco llevará nuestros cuerpos seguros a la costa... 

viernes, 5 de abril de 2013

Y ahora, ¿qué?

Mantén la calma y continúa
Si tuviera que resumir con una sola palabra lo que ha pasado en mis dos últimas semanas de intento de triatleta, sin duda, escogería encrucijada. Muchas malas sensaciones, muchas presiones, mucho perder el tiempo con devaneos estúpidos, mucho descentre, mucho mirarme el ombligo, mucho esperar algo que me haga o no me haga reaccionar, mucho plantearme si el triatlón es o no es lo que quiero. Mucho meditar sobre si realmente este deporte tan exigente es lo mío y me hace feliz. Lo que he aprendido en estas dos semanas es que no me han faltado apoyos e ideas y sugerencias y ánimos y empujones y tirones de orejas de gente a la que debo importar. La verdad es que estoy agradecido. Pero bueno, en estos territorios virtuales hay que tener mucho cuidado con lo que se transmite y con lo que se entiende y con lo que se percibe: posiblemente mucha de la gente que me conoce poco habrá llegado a pensar que soy un aprendiz de gurú llorón en busca del beneplácito y los aplausos de la galería. Quienes me conozcan bien sabrán que lo que me está pasando estas dos semanas es bastante diferente a eso. Bastante más complejo también lo es.
Las circunstancias personales, familiares y laborales de los últimos meses no han favorecido mucho tener una mente clara y lúcida, libre de interferencias para dedicarme en cuerpo y alma al tri. Y el diagnóstico al que he llegado, tras mucho darle vueltas, es una combinación explosiva de males deportivos que me han hecho o me están haciendo plantearme si seguir o no seguir con este negocio del triatloneo. Factores intrínsecos objetivos y subjetivos como cansancio acumulado rayando en el sobreentrenamiento, falta de descanso, falta de motivación, preocupaciones familiares se han aliado con factores externos como el excesivo ambiente competitivo del triatlón o mis circunstancias laborales de este curso. Sin duda, el gran protagonista de mi falta de motivación y uno de los desencadenantes de toda esta grandísima movida mental ha sido mi estancamiento en el agua -cuando echas toda la carne en el asador y pones todas tus ilusiones para mejorar en natación y todos los diagnósticos de gente con mucha experiencia en esto del triatlón apuntan a lo mismo (que con mis metros semanales y mis resultados debo tener carencias técnicas importantísimas o que, directamente, estoy perdiendo el tiempo si no consigo bajar de ritmos superiores a 2'10''/100 en distancias superiores a 300m) acabas por perder no ya la paciencia, sino la ilusión e, incluso, la autoestima. Esto de la autoestima es aun más grave. Porque, que conste que me solidarizo con aquellas personas que están hartas de leer los lloros habituales que circulan en la rumorología y literatura popular y cibernética del triatlón, relativos a faltas de entrenamientos y otros menesteres (ya sabéis: no puedo entrenar, no voy bien, no estoy preparado, mis medias son horrorosas, tal y cual). Sí, lo entiendo: pero esto no es un lloro, esto es una constatación desesperada -se ve uno reducido a piltrafilla humana cuando uno ya ni corre con orgullo o con gusto porque sobreanaliza y nota que talonea en exceso o no lleva los brazos bien; se ve uno reducido a piltrafilla humana triatlética cuando, colmo de los colmos y algo que nunca me había pasado en la vida, en los primeros diez metros de un 300 en piscina de 25m, sufre un ataque de ansiedad como si estuviera cruzando el Estrecho). En fin, que no: que uno no se ve. No me veo.Y, por un lado, quisiera tantas ideas y sugerencias y ayudas como letras tiene esta entrada -pero, al tiempo, uno se da cuenta de que esto es una cuestión entre la mente y las piernas y los brazos de uno mismo. Aquí el único que tiene que decidir soy yo. Y aunque el imán de la nevera me dice que mantenga la calma y que continúe, no tengo nada claro que vaya a tener ni la presencia de ánimo ni la autoestima ni la fortaleza mental ni la frialdad y calma necesarias como para hacer Elche-Arenales el domingo 14 de abril, dentro de nueve días. Si habéis llegado hasta el final de esta entrada un tanto bochornosa, os recompenso con un par de consejos en los que, posiblemente, ya hayáis reparado: tened cuidado con el sobreentrenamiento y con el balance de la vida deportiva y la vida emocional (sin descanso adecuado y sin un balance deportivo-emocional adecuado seréis carne de cañón para acabar sintiéndoos piltrafilla humana); igual de importante el segundo consejo: tened cuidado con las redes sociales, con la presión de la masa y del grupo... Quién me lo iba a decir a mí: tanto que valoraba la dimensión social del triatlón y ahora me da por pensar que es un peligro.

jueves, 21 de marzo de 2013

Triatlón y poesía

Dreams. Sueños. La suerte de mi vida. Luck. Triathlon
Como hoy es el Día Internacional de la Poesía, me apetecía quitar un poco de hierro a las entradas de mi blog y escribir algo más neutro y menos cargado de pesadez reflexiva. No sé si será posible. Me encanta reflexionar y quizás sea buen momento para hacer un alto en el camino y deshacer malentendidos. También para acabar este trimestre pesado, inauguar la primavera y darle la boleta a un invierno que se  me ha hecho increíblemente pesado y largo. Borrón y cuenta nueva, pues, después de esta entrada y después de dos días en que he hecho un parón deportivo y un poco de detox mental. El caso es que me sorprende que la gente que lee este panfletillo de intento de triatleta me acuse a veces de ser demasiado negativo. No. No van por ahí los tiros -creo que en todas las entradas intento sacar una conclusión positiva para continuar. Además, no nos engañemos, una cosa es ser negativo y otra cosa es ser realista. Tampoco escribo esto para que la gente me eche flores -tal y como comenté ayer en una red social de estas del siglo XXI, no quiero que nadie me regale los oídos -no hay razones para que nadie lo haga: hemos quedado en que soy un fatal nadador, un mediocre ciclista y un corredor aceptable. Nada para tirar cohetes y, por tanto, ninguna razón para que se me regalen los oídos. Así las cosas, quizás es momento de reconocer que la semana sigue tan mal como la pasada -motivación cero y cansancio acumulado del trimestre (cómo estoy notando los famosos recortes de nuestros gobernantes en mi horario de este curso) me llevan a pasar totalmente de los entrenos. Todo esto me va a dejar a las puertas de una situación compleja y comprometida para Elche porque, si tenemos en cuenta que en Semana Santa sólo podré hacer rodillo y no saldré a hacer bici real, la cosa va a ir muy muy justa en el sector bici ilicitano. Es lo que toca -al menos esta semana estoy un poco más decidido en cuanto a acudir finalmente a Arenales13, e incluso me he alegrado de haber entrado en las inscripciones de Fuenteálamo. Todo eso está muy bien, sí;  pero en cuanto a entrenos, necesito un cambio urgente de rumbo, de motivación y de actitud -o encuentro ese cambio o tendré que declarar sin más remedio el estado de excepción. 
Y ahí lo dejamos hoy, con un poema para celebrar los sueños y la poesía y a los poetas, porque, quién puede negarlo, el triatlón es, además de un acto de fe, un increíble ejercicio de poesía, de poetas y de sueños. Espero que os guste:

DREAMS

Hold fast to dreams
For if dreams die
Life is a broken-winged bird
That cannot fly.
Hold fast to dreams
For when dreams go
Life is a barren field
Frozen with snow.


(Langston Hughes)


Agárrate fuerte a los sueños porque, si los sueños mueren, la vida es un pájaro que, con las alas rotas, no puede volar. Agárrate fuerte a los sueños porque cuando los sueños mueren la vida es un campo estéril helado por la nieve.

miércoles, 20 de marzo de 2013

IX Duatlón de Pulpí: entre el desánimo y las ganas de seguir

No Country For Old Men
Me va a sorprender la entrada de la primavera en pleno apogeo de mis comeduras de tarro y mis tonterías. La semana pasada, aunque esto lo sabe tan poca gente que ni yo mismo llegué a enterarme, estuve a punto de colgar los trastos de matar del triatlón. Haciendo balance de horas, metrajes, brazadas, gastos, zancadas, revoluciones por minuto y pedaladas, me dio por pensar que todo esto no merecía la pena. En una semana en que nadé casi 10000 metros y reflexioné sobre lo estancado que me veo en el agua (ese ritmo de crucero al que me he abonado, que me sirve tanto para hacer 300m como 1500; ese ritmo vertiginoso de 2'15''/100 me dio mucho juego para deprimir a todas las neuronas que se me pusieran a tiro), en una semana así, digo, no me fue difícil llegar a la conclusión de que soy demasiado mayor ya para estos juegos. Incluso, en estos días bajos, he llegado a pensar que no me apetece nada hacer Elche para volver a constatar lo que ya me sé de memoria.
El caso es que el domingo tocaba hacer el duatlón de Pulpí: un duatlón con cierta tradición que había oído nombrar y renombrar y que, al planificar la temporada, decidí incluir en mi calendario. Sólo había hecho un duatlón hasta el domingo y, tal y como constaté en Pulpí, si el triatlón no es país para viejos, el duatlón es ya territorio para gente realmente entrenada y recién bajada de otros planetas. No Country For Old Men, revisited. En otras palabras, un intento de triatleta como yo no puede ir a un duatlón a ponerse las pilas de autoestima y a comerse el mundo. No. Como mucho se lo puede tomar como un entreno de calidad -juas. En cualquier caso, no tenía yo el ánimo demasiado boyante el fin de semana y, esta vez, el madrugón a las 6.45 de la mañana de un domingo en una semana con mucho trabajo me sentó, verdaderamente, a cuerno quemado. Pulpí está a 120 kms de Almería -tocaba conducir y, además, tocaba comprobar, a la llegada, que estaba medio lloviendo y con el asfalto regular. Aun así, el duatlón me gustó: no sé qué tienen los pistoletazos o los bocinazos de salida que me curan todas las penas y me camuflan las dudas. Pulpí, además, tiene el encanto de las pruebas sencillas -con todo el sabor que tenían las carreras populares poco masificadas de hace unos cuantos años. Me recordaba un poco, en la sencillez y austeridad, al tri del Canal de Castilla.
Bueno, ¿cómo salió el duatlón? Pues, curioso: terminé con buenas sensaciones. 1h06'45''. Sensaciones de haber corrido bastante bien y de haber hecho una bici medio digna. Al ver las clasificaciones, que han salido hoy, veo las cosas desde una perspectiva más realista: puesto 73º de 120 llegados -furgón de cola power. En efecto, no corrí mal: la primera carrera a 3'51'' y la segunda a 3'49'' (nada mal para una carrera, bastante regular para un duatlón). La bici, que según mi cuentakilómetros me salió a 33.2 km/h, es un aspecto bastante mejorable. Sin duda.
Bueno, pues ese fue el duatlón de Pulpí: creo que, de no haberlo hecho, estaría más cerca que nunca de dejar todo esto. El bocinazo me devolvió un poco las ganas de continuar y me ayudó a ver el sentido de todas estas cenas a deshora, estas comidas a deshora, estas prisas por ir a la piscina, estas cábalas por ajustar los entrenamientos en la semana laboral o esta inquietud porque el agua o el viento no me dejan cumplir los entrenamientos. En todo caso, de aquí en adelante hay cuestiones y frentes que debo afrontar y mejorar si quiero conservar mi salud mental en esta historia:
-dejar las culpas y comeduras de tarro si, en determinadas semanas, no se puede entrenar al cien por cien por cuestiones laborales, afectivas o meteorológicas
-tener más fortaleza mental y más autocontrol para no dejarme engullir por estos ciclos de desánimo que van surgiendo en mi cabeza periódicamente
-dar más caña a la bici; aunque he mejorado mucho, sobre todo en posición, en manejo y en seguridad, creo que es ahora cuando empieza la hora de la verdad en bici
-mejorar tiempos en natación es una auténtica prioridad: no quiero nadar a 1'20''; pero creo que, después de tantos metros, tantas piscinas, tantos años ya, nadar a 2'15'' es una anomalía. Sin duda es un ritmo de principiante y el no ser capaz de remontar y mejorar es una de las principales fuentes de pensamientos negativos en mi desarrollo como triatleta. Algo falla en el agua, no hay duda.
Nos quedamos aquí hoy; yo, un poco más aliviado tras haber ordenado las ideas.Y, sobre todo, un poco más lejos de querer dejarlo. Saludos.