El diario de un outsider residente en los arrabales del trimundo

lunes, 17 de septiembre de 2012

SERTRI Málaga 2012 -el aprendiz de triatleta, cansado

Rumbo a T1. Qué alivio!
Ayer tocaba hacer el SERTRI en Málaga. No hacía un sprint desde junio, precisamente el de Málaga, y tenía ganas de probarme y ver cómo van las cosas. El resumen es que uno quisiera comerse el mundo y, al final, se acaba comiendo un kiwi amarillo para rematar la cena. Tampoco está mal, pero... No sé si estoy decepcionado o, simplemente, mentalmente cansado. Creo que de aquí al medio de Cabo de Gata debo hacer un ejercicio intensivo de higiene mental y de descanso que incluya temas variados como confianza en mí mismo, horas de sueño, tomar distancia de tensiones y temas escabrosos tipo trabajo. Digo esto porque ayer se me vio cansado, eso me dijeron quienes me conocen bien,  y yo me noté sin demasiada chispa -había llegado a Málaga después de una semana de tensiones en el trabajo que me habían conseguido descolocar los entrenamientos y mi orden mental, un puritito ejemplo de que entrenar no es sólo uno mismo sino también las circunstancias y la gente que te rodea. Es triste ver cómo lo que no consigue el cansancio físico lo provoca el cansancio mental y cómo, si uno se descuida y levanta la guardia, se acaba desmotivando en todo, absolutamente todo, a causa de factores ajenos a uno mismo y al entrenamiento.
Pero bueno, el caso es que aparte del cansancio mental, las condiciones en las que llegué a Málaga ayer no fueron las mejores: que si una boda el día anterior, con el consiguiente desbarre nutricional; que si el madrugón, que si conducir... En fin, que cuando sonó la bocina y nos tiramos al agua en la Playa de la Misericordia, me di cuenta, en segundos, que no iba a hacer un gran resultado. No sólo eso sino que el agua se me hizo tremendamente exigente -con un mar plato y sin ninguna complicación. Inexplicablemente nadé con ansiedad y con muy poca eficiencia -notar que vas nadando mal, que no te encuentras, pensar que vas el último, aunque no vayas el último. Primera boya. Giro. Intento visualizarme llegando a la playa pero me visualizo rescatado por una barca o presa de los tiburones o incluso de los boquerones. No voy. Llegar a la segunda boya se me hace un mundo -por fin llego a una boya que, tremenda desilusión, no es todavía la segunda, que se encuentra todavía a unos 25 metros. Segunda boya y para la playa. Salgo del agua de los 10 o 15 últimos, pero no el último; salgo en plan pingüino total con la desilusión pesándome y hundiéndome en la arena que recorro para llegar a T1. (Un aparte: lo que pasaron fueron dos cosas -primero que llevaba más de dos meses sin nadar en el mar; segundo, que mi salida fue la de los federados y la mayoría de gente que está federada nada mucho mejor que yo; si hubieramos salido todos juntos, hubiera nadado en gran grupo hasta el final sin esa sensación de ansiedad y ahogo que ayer me estropeó las sensaciones del agua y del triatlón entero).
La T1 se resuelve con facilidad; esta vez no llevo neopreno y todo es más fácil (por cierto, ¿para cuándo decidirme a no ponerme calcetines?). El circuito a 4 vueltas, totalmente llano, resulta rápido -voy bien y, al tiempo, me doy cuenta de que tampoco voy. Una de las quintaesencias del triatlón es hacer la bici de un sprint en grupo -sólo consigo unirme a un grupo un rato; lo aguanto perfectamente pero, como el tal grupo me lleva alguna vuelta de ventaja, lo pierdo cuando se van a meta y yo tengo que seguir. Voy y, al tiempo, no voy. Me sale una media de 34.1 km/h -me supero a mí mismo (mi anterior record estaba en 34 pelaos). Tiro para T2 y me dispongo a hacer lo que mejor sé hacer. (Un segundo aparte: pensando y repensando, ayer pequé de ir con un desarrollo demasiado grande. Creo que fui con poca cadencia y que un piñón más grande me hubiera ayudado a subir un poquito más esa media. Yo, como muchas veces, deslumbrado y desorientado por mi momento burro grande, ande o no ande).
T2. Las zapas entran sin problemas. A correr. Salida de boxes y me doy cuenta del calor que hace. Málaga en verano, con una muy leve brisa, y son casi las dos de la tarde. En fin, un disparate. Me abstraigo de estas adversidades que, en el lado positivo, dan más valor a lo que hacemos; me abstraigo, digo, y tras echarme dos botellines de agua por encima, me pongo a adelantar gente como otras veces. El aprendiz de triatleta intenta mejorar puestos como un poseso en la última manga -pies para qué os quiero. Voy y, a la vez, siento que no voy. No hago una mala carrera y me encuentro bien pero noto que algo falla. Tiro millas. Doy gas. Caña. Voy y, a la vez, siento que no voy. Afortunadamente no me da tiempo a desinflarme. Me sorprende el arco de meta. Y claro, eso es lo que toca: entrar en meta en el puesto 142º de 414 y en 1h14'41''. (Un tercer aparte: quizás lo que ha fallado hoy, lo que he echado en falta es la euforia que me ha provocado entrar en meta otras veces. Sin chispa. Plano, como estaba el mar. En resumen: voy pero no voy). Los parciales (que me dicen que sigo siendo malo malísimo en el agua, mediocre en la bici y que retengo algo de poderío en la carrera) fueron los siguientes:
agua 16'59'' (puesto 363º)
bici 38'38'' (puesto 156º)
carrera 19'04'' (puesto 39º)
La continuación es previsible con este calor. Hidratación. Hacer un poquito de sociedad con José Andrés, que ha entrado por delante de mí; con mister David Zamora, que ha quedado 10º; con Simón, que por culpa de una lesión está amargado en el papel de fotógrafo. La continuación a partir de hoy también está clara: a seguir trabajando y a remontar este estado de cansancio mental que ha inundado mis últimos diez días y que quizás ha tenido algo que ver con la mediocridad con la que he resuelto este tri. Con el látigo reservado para las autoflagelaciones (y con el convencimiento de que es en las dificultades donde está el lado más atractivo del triatlón) nos vamos hoy.

lunes, 10 de septiembre de 2012

A veces es difícil

A por el sexto tri de la temporada
A veces es difícil seguir con todo esto -ya sabéis, que si compatibilizar la constancia en los entrenos con la vida "real" y con el trabajo, que si andar con prisas todos los días, que si ajustar horarios, que si cuidar la alimentación y tener escasa vida social, que si madrugar los sábados y domingos, que si explicarse a uno mismo el por qué de todo esto. La semana pasada ha sido mentalmente dura, quizás la más dura desde que empecé la preparación para Cabo de Gata: la apoteósica vuelta al trabajo, la vuelta a Almería, el encontrarme un poco fuera de sitio, el pensar en un mar lleno de olas que me arruine mi primer media distancia, las pocas ganas de entrenar, el cansancio acumulado han tenido la culpa -en fin, un momento difícil, una crisis de ánimo y motivación,  de esas que hacen que calzarse las zapas o coger los aperos de la piscina y meterlos en la  mochila sean un mundo. Pero claro, a grandes crisis de motivación, grandes bofetadas contra las tonterías: y es que no hay como inscribirse casi por accidente en una prueba para volver a tener las cosas claras. El domingo que viene haré mi sexto tri de la temporada,  el SERTRI de Málaga, un sprint que me servirá para probar cómo voy y que jugaré como entreno con súper-chispa (tampoco lo puedo jugar como nada más, juas)
Claro que, además de esa inscripción improvisada, la crisis se ha ido medio resolviendo por otras cuestiones. Al final me salió una semana de  12 horas 10' de entrenamiento, que, para estar con el rabo entre las piernas, no está nada mal. Viendo ese número, ayer por la tarde me animé bastante -los números son meros dígitos, pero cómo animan a veces. Y, por supuesto, también me animé pensando en la facilidad con que me salen series de 2000 a ritmo controlado a alrededor de 4'15'' sin que se me arrugue la camiseta. Y, cómo no: las dos cartas que tenía la semana en la manga también contribuyeron a darme un chute extra de vuelta a la motivación y a la ilusión: dos salidas en bici en grupo, subiditas de kilómetros y con cierta exigencia, dos salidas que fui capaz de aguantar (a ratos apretando, y mucho, los dientes) y que me vinieron a decir que el trabajo de este verano, mi ejercicio de estoicismo por la SG500, ha servido para algo. Bueno, pues así, a punto de entrar en otra semana más de entrenamiento y de crecimiento, nos quedamos hoy.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Balance verano 2012: el verano de los buenos entrenos

Adiós vacaciones. Balance. Telón y a seguir
Me encanta volver del verano y hacer números. Me encanta volver del verano y ver que he conocido nuevos  sitios, nuevas carreteras, nuevas piscinas  y corcheras, nuevas caras, nuevos horizontes que me han ayudado a romper mis zonas de comodidad deportiva... Me encanta volver del verano y darme cuenta de que ni la pereza ni las circunstancias ni los rigores del calor ni nada de nada han conseguido doblegar mi disciplina y mi gusto por la actividad física. Por eso, este año tengo razones para estar contento -he entrenado como nunca, gracias, en parte, a mi nuevo mister y, también, a mi fuerza de voluntad y mis ganas de entrenar. Porque sí, la verdad es que el verano ha sido duro por circunstancias personales y familiares; pero no me puedo quejar en el sector entrenos (mis #entrenosdeverano, hashtag de Twitter que habrán acabado aborreciendo mis amigos en las redes sociales): ahí se quedan mi primer olímpico en el Canal de Castilla, la SG-500 y AV-500 y sus águilas, la piscina de El Espinar, los toboganes de la vertiente segoviana del Guadarrama, la piscina de Eriksdalsbadet en Estocolmo, mis semanas de más de 13 horas de actividad física, mis primeras salidas en bici superando los 90 kms, el Djurgården a primera hora de la mañana o de la tarde o bajo una tormenta de verano, mi incursión con neopreno en el Mällaren, mis calentamientos de cabeza sobre qué tendrá el triatlón que nos da tan fuerte... (Y así, a manera de aparte, os dejo caer una pregunta derivada de esas disquisiciones: ¿tiene el triatlón más de rabieta testaruda, de placer, de cabezonería o de búsqueda del límite imposible de cada uno?)
Pero bueno, esta entrada pretende ser breve; pretende más bien ser el telón sobre la obra del verano. Y los telones no son pajas mentales ni nada por el estilo -así que vayamos (como si fuéramos a los créditos de una película) a los números y pasemos página. En este verano en el que he metido más volumen de bici y natación que nunca (y bastante menos de carrera a pie que otros veranos) he completado un total de 97 horas y 46 minutos de entrenamiento (sin contar entrenos de fuerza y estiramientos) para lo siguientes totales:

58650 metros de agua (más 1500 metros del triatlón olímpico)
1291.5 kms de bici (más 40 kms del olímpico)
284 kms de carrera a pie (más 10 kms del olímpico)

Los números son meros números y, después de todo, habrá mucha gente a la que estos le parezcan mediocres. Pero bueno, me siento orgulloso de ellos y los siento como un logro personal de este verano -es como si hubiera subido un peldaño en mi historia de triatleta; aprendiz de triatleta, por supuesto. Pero es que, además, las sensaciones han sido buenas: por eso,  la operación retorno ha sido un poco como volver del primer verano en que he entrenado verdaderamente como un triatleta -he cogido mucha soltura en la bicicleta y me siento bastante cómodo en el agua. Aunque esta historia continúa (estoy, creo, a punto de entrar en la etapa más crítica para  la preparación del medio de Cabo de Gata), hoy cerramos aquí, echando el telón sobre las vacaciones y sobre el trabajo bien hecho.

lunes, 20 de agosto de 2012

Semanas de carga, reflexiones, retos, ritos

Retos y ritos dando forma al camino
 No sé si existen deportistas no-reflexivos, pero, de existir, a mí no me gustaría ser uno de ellos. Sí, sé que, aparte del desgaste físico de los entrenamientos, yo añado una buena dosis extra de desgaste mental de calentamiento de cabeza, de auto-interrogatorios varios y de reflexiones más o menos profundas. Lo sé, pero a mí me gusta este enfoque deportivo reflexivo intimista, que no sólo inunda las entradas de este blog, sino también mis horas de entrenamiento, mis planes y proyectos, mis competiciones. Lo he dicho más veces, creo que la actividad física y deportiva es una excelente ocasión para el auto-conocimiento y, yendo un poco más lejos, para el análisis social.
No es de extrañar, entonces, que en este verano de tantos entrenos (ya conocéis el hashtag de Twitter, #entrenosdeverano), esté teniendo tantísimos minutos para la reflexión y tantísimas experiencias para reflexionar sobre ellas. Para muestra, un botón: la semana pasada terminó con 13h15' de entrenos: con 8400 metros de natación, 216 km de bici y 29 km de carrera a pie. No está mal. También es digno de contar el bache muscular que me produjo una sesión de cuestas o la sensación de cansancio tras la piscina al empezar a incorporar palas. Carga, cansancio, recurperación, mejora. En eso consiste la cosa. Pero no quería profundizar por esos derroteros; más bien quería contaros que ayer hice mi salida en bici más larga hasta el momento, 93 kms con algo de desnivel, que no tendrían nada de especial a no ser por lo que acabo de decir: fue mi salida más larga en bici hasta el momento. Uno pasa casi 3 horas y media subido en una bici y, volviendo al principio de la entrada, tiene minutos por delante para pensar, para meditar, para preguntarse, para responderse y para dejar muchas cosas en el aire. Lo que ayer saqué en claro es que los deportistas amateur, los populares, nos enganchamos en la actividad física por sentirnos bien y por cuestiones relacionadas con llevar una vida sana y saludable. Sí: además de hacer actividad física, algunos por lo menos, indagamos y aprendemos a comer mejor, a castigarnos el cuerpo menos, a llevar una vida sin rastros de insalubridades. Una especie de lucha contra el envejecimiento y lo inevitable del paso del tiempo. Un imposible, vamos.
Todo eso es verdad, pero hay algo más: emulando al más alto, más lejos, más fuerte del ideal olímpico y que, hasta cierto punto, sólo se pueden tomar verdaderamente en serio los profesionales, los populares también estamos en esto por eso. Así, convertimos la actividad física en continuo reto -no hace falta que os explique nada, ¿verdad? Y así, correr los primeros 5 kms, o los primeros 10, o la primera carrera popular, o hacer los primeros 1000 metros seguidos en el agua, o el primer rodaje de 32 kms cuando se prepara una maratón, o el primer sprint, o el primer ultra-trail, o el primer medio ironman, o miles de cosas (cada uno sabe de sus retos particulares), el hacer cosas cada vez más difíciles y más intensas y hacerlas, además, por primera vez, está en la base de nuestra motivación. No es sólo llevar una vida saludable, es también (y mucho) este reto constante: porque no ganaremos podios ni medallas, no seremos profesionales, pero siempre tenemos, afortunadamente, la oportunidad de ganarnos a nosotros mismos. De mejorar, en definitiva.
Y claro, algunos de estos retos, en su ejecución, constituyen ritos. Retos. Ritos. Sólo una vocal de diferencia y tantísima conexión entre las dos palabras. Los eventos deportivos, las carreras, populares o no, han sido analizadas como ritos desde el punto de vista antropológico. Ya he atacado por ahí en varias entradas de este blog -sin embargo, de lo que me di cuenta ayer superando la frontera de los 90 kms a bordo de mi Trek, es que algunos entrenos (y, por supuesto, muchos eventos y carreras) constituyen verdaderos ritos de paso para los que completamos el reto personal. En este sentido, con entrenos exigentes como nunca, en medio de un terreno lleno de cuestas y toboganes, este verano me está suponiendo una importante fuente de ritos de paso deportivos interesantes: mi primer olímpico, mis semanas de más de 13 horas de entrenamiento, mis meses de 50 horas, mi primera salida de más de 90 kms en bici. Todo son ritos de paso en mi vida deportiva, y hoy me quedo con el de ayer, entre águilas y paisajes sobriamente castellanos, fui consciente de que estaba pasando a otra dimensión en la bicicleta. Modesta como la anterior, pero es otro territorio. Sin duda.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Agosto -¿descanso? ¿quién dijo descanso?

Salvavidas en la ciudad perfecta para correr
Después de 21 días sin aparecer por aquí, muchos estaréis pensando que estoy de descanso. La verdad es que, después de un mes de julio histórico, con casi 52 horas de entrenamientos (sin contar fuerza o estiramientos) y con unos buenos kilometrajes (725 km de bici, 151 de carrera a pie y 30450 metros de agua, incluyendo mi primer triatlón olímpico), hubiera sido una opción inteligente, sobre todo teniendo en cuenta que llevo sin darme un respiro-parón deportivo muchos meses (probablemente, más de año y medio). La realidad es otra: lo que ha pasado es que me he quedado sin palabras y, entre entrenos y viajes, es el blog el que se ha dado ese respiro merecido. Después de todo, no pertenezco a esa categoría de bloggeros que ofrecen información práctica y útil en todas sus entradas, por lo que si silencio mis reflexiones intimistas de vez en cuando, eso que se ahorra el cibermundo.
El caso es que en estos días sin aparecer por aquí he estado en Estocolmo. Y, claro, de visita en una de mis ciudades favoritas no he podido dejar de correr por el Djurgården y disfrutar así de un entorno que invita a hacer deporte. Como novedad frente a otra estancia previa en la ciudad, esta vez he nadado en el lago Mällaren y en la piscina olímpica de Eriksdalsbadet. Un viaje a Estocolmo, un lujo para la vista y para la mente: da mucho que pensar cómo la naturaleza está perfectamente integrada en la ciudad -da mucho que pensar cómo la actividad física está integrada en la vida diaria de los suecos (uso urbano de la bicicleta, acondicionamiento peatonal de espacios, infraestructuras deportivas, disfrute constante del aire libre). Da mucho que pensar volver desde Suecia a nuestro país en ruinas, donde, a partir del 1 de septiembre, subirá el IVA de las actividades deportivas y donde, no sé por qué, me da la impresión de que el deporte, más que algo relacionado con la salud y los buenos hábitos y la higiene vital, sigue siendo un tema relacionado con la imagen, con la moda y con el estatus económico y social.
Pero bueno, no quería ir yo tan lejos con mis reflexiones de hoy. Quería quedarme más cerca. Y es que el viaje, y este verano en general, me están dando mucho material para la auto-reflexión. Y lo último que estoy pensando estos días me ha llevado a una conclusión interesante y peligrosa al tiempo: que no sé descansar. Cuando uno hace la maleta de vacaciones pensando en correr y nadar, cuando se lleva el neopreno, las gafas y el gorro, las zapas y combinaciones para todas las temperaturas posibles, la historia raya el frikismo más friki -desde luego, para mucha gente ajena a esto, raya en lo ridículo. He oído y leído muchas veces que esto del triatlón es un verdadero estilo de vida que condiciona y marca, a menudo para siempre, la existencia de quienes lo practican (algunos ejemplos que me vienen a la cabeza sin pensar mucho: ahí está la historia de los tatuajes, de los viajes anuales a completar el inventario de Ironman habidos y por haber, de los círculos de amistades y conocidos organizados en torno a este deporte, de las marcas fetiche, de los nombres míticos, del estilo de vida tri). Y muchas veces me he preguntado estos días, ¿qué será de mi si sigo con esto? ¿qué será de mí si algún día atravesara la frontera Ironman? ¿qué acabaré metiendo en la maleta? ¿con qué tatuaje acabaré en la pantorrilla o en el cerebro?
Pero a lo que de verdad voy -no hay duda de que enriquece mis viajes ver las ciudades y los países desde unas zapatillas, como llevo haciendo en los últimos años. Mi visión de Estocolmo, pero también de Londres, de NY, de Copenhague, de Vilnius, de Amsterdam, de Barcelona, de Oslo, de Gotemburgo, de tantos otros sitios, es diferente y más compleja por el mero hecho de haberlas pateado a ritmo de 4'40''. Mi experiencia de Estocolmo estos días ha sido más placentera por haber nadado en un lago allí donde está a punto de unirse al Báltico y por haber podido nadar en una piscina olimpica (y haber podido aprovechar para contrastar cómo funcionan las piscinas cubiertas en Suecia: ¿sabéis que casi nadie usa gorro?).
Vale, experiencias más ricas, endorfinas, satisfacción y segregación de sustancias químicas casi alucinógenas en el cerebro. No debería haber ningún problema, entonces. Sin embargo, aquí el hombre de las mil caras, de los prismas y de las dudas acaba con preguntas demoledoras: ¿no debería descansar totalmente de vez en cuando? ¿es adecuado contemplar el mundo y la realidad a través de la actividad física y, en concreto, del triatlón? Dos preguntas para no dormir que seguro se os han pasado alguna vez por la cabeza, aplicadas a vosotros mismos o aplicadas a otras personas. Aquí nos quedamos hoy.

martes, 24 de julio de 2012

Entrenos de julio, demanda social, redes sociales

Pelotón ciclista: demanda social
Julio 2012. Ufff, hacía mucho que no entrenaba tanto: posiblemente desde el verano de 2010 en Torrecaballeros. Ahora, en la misma provincia pero con unos entrenamientos más organizados y con el objetivo del medio ironman de Cabo de Gata en un horizonte no demasiado lejano, me van a salir, gracias a mi nuevo entrenador, unos números bastante respetables en este mes de julio (a falta de una semana para terminar el mes, llevo un total de 35h30' sin contar entrenos de fuerza y estiramientos). En todo caso, no consiste todo en números sino también en disfrutar y, cómo no, mejorar -el entrenar por un terreno que es un puro tobogán, el meter sistemáticamente tres días de bici, el meter ejercicios de técnica de carrera, el hacer ejercicios de fuerza y el meter ejercicios de técnica de natación adecuados a mis carencias, todo eso tendrá sus frutos (de hecho, creo que alguno ya hay, que me noto como más suelto, con buenas sensaciones en la mayoría de entrenamientos que he hecho en los últimos días).
Todo eso en cuanto a los entrenamientos, pero, entrando en un terreno más subjetivo, me apetecía comentar lo mucho que me está costando este ritmo de entrenos. No por la exigencia física en sí, sino por la exigencia mental -un factor clave que no he comentado: estoy entrenando solo todo el rato. Y eso desgasta -en los últimos días me he sorprendido decenas de veces pensando que me tiene que gustar esto mucho para continuar con ello. De algún modo, me admiro de lo que me gusta y de lo metido que me encuentro en los entrenos. Por eso, cuando leo el siguiente párrafo en uno de mis libros de cabecera del mes (Guía básica de entrenamiento para ciclistas, de Eric Harr), comprendo que este verano me está faltando un pilar básico para que todo fuera perfecto:

"¿Alguna vez ha notado que cuando está con otras personas haciendo ejercicio suele esforzarse un poco más? Eso se llama demanda social, y es la razón por la que las sesiones de avance se realizan mejor con otros compañeros. Los entrenamientos grupales e incluso los eventos organizados le obligarán a realizar ese esfuerzo extra que produce extraordinarios resultados"

Pues sí, me falta ese pilar básico, el factor grupo. Como soy tan dado a dar vueltas a todo y como soy antropólogo, llevo días contemplando las redes sociales en las que participo (Facebook y Twitter), otras comunidades de la web 2.0 ( Movescount y otras redes para compartir entrenamientos), otros recursos como los blogs y otras redes informales (que abundan al margen de los clubes y redes más oficiales que son percibidas, en general, como inútiles a la hora de proporcionar de manera adecuada ese elemento grupal necesario para progresar), como elementos que suplen a ese grupo cuando no se tiene o cuando se tiene de manera intermitente o inestable. Mi impresión es que usamos esos recursos por muchas razones (en mi caso, uso el blog para reflexionar y tener un diario de mi progreso como deportista, uso Movescount para tener un diario de entrenos organizado, uso Twitter y Facebook para compartir ideas de lo más variado) pero una de la más poderosas es el tener un grupo virtual de iguales que proporcionan una demanda social que nos ayuda a mejorar. Así que, por mucho que pueda parecer que ponemos entrenos en las redes sociales y los hacemos públicos para fardar, en el fondo lo que hay detrás es necesidad de grupo y necesidad de mejora. Ánimos, sentirnos apoyados, buscar inspiración, todo eso es lo que hay detrás del grupo, sea virtual o no.
Otros temas interesantes que me han surgido en la reflexión sobre cómo los deportistas amateur utilizamos las redes sociales se merecerían entradas propias: cómo se utilizan esas redes y esas herramientas web para intereses de patrocinio de grandes marcas, cómo se utilizan esas herramientas para construir verdaderas personalidades alejadas de la vida extradeportiva, cómo se originan procesos de competición por tener el beneplácito y atención de determinadas personalidades que parten el bacalao deportivo o tecnológico. En fin, las redes sociales e Internet no son más que un reflejo de la sociedad humana; pero volviendo al tema central: en este julio de entrenos poderosos, la única compañía deportiva de la que dispongo y que puede constuir mi demanda social son las redes sociales. Saludos virtuales.

lunes, 16 de julio de 2012

XXII Triatlón Canal de Castilla -otra vuelta de tuerca entre girasoles

Pose tonta para la ocasión -vueltas de tuerca
Ayer tocaba mi octavo triatlón y  mi estreno en distancia olímpica -tanto tiempo mareando la perdiz y buscando un olímpico (recordaréis la suspensión de Los Alcázares en el mes de mayo) para luego resolver la cuestión en nada más que 2h36'34''. Vamos, que apenas tuve tiempo de saborearlo. Espero que sepáis apreciar mi ironía. El caso es que este nuevo reto del aprendiz de triatleta se planteaba como una incógnita y como una especie de prueba y llave que me abriera la mano, oficialmente, a distancias mayores. Porque, claro, ¿de qué sirve estar inscrito en un medio ironman y entrenar para ello si hasta ahora no he salido de la comodidad de los sprints? Con eso en la cabeza (y algo de materia gris, claro está) me planté el sábado en Medina de Rioseco -algo de ambiente tri en el hotel, mucho ambiente de cerveceo por el pueblo y algo de nervios en mi interior. Repitiéndome todo tipo de mantras, me armé de valor para tomarme una cerveza y para cenar en plan aquí no pasa nada. Incluso me tomé un gran postre de esos que no digieres hasta 36 horas después, muy mala elección para mi estreno. En fin, yo y mis cosas.
Por la mañana me levanté prontito, desayuné mis propios copos de avena y mis cereales biológicos con un plátano en el bar del hotel (integrismo nutricional, se llama esto) y fui a recoger el dorsal. A las 8.15 de la mañana hacía un frío que te quitaba las tonterías y las dudas, así que, sin mucha ceremonia me vuelvo para el hotel, donde otro participante me da a probar una bebida isotónica con hidratos con la que me arriesgo a llenar el bidón. Como quiero seguir cometiendo imprudencias, disuelvo el polvo del isotónico y le añado dos geles. Como esto salga bien, voy camino del podio. Como salga mal, me veo vomitando por las cunetas de la provincia de Valladolid... Dudas, nervios, más dudas, vamos hombre que estás aquí porque quieres, y tiramos, mi Trek, mi bolsa de tri-aperos y yo, para boxes. El ritual no os lo describo porque es la misma historia de siempre, esta vez estoy solo y no hay nadie haciéndome fotos y nadie a quien le pueda poner la cabeza como un tambor. Una pena que Fran, mi compi del Tri Almería, tarde tanto en llegar y apenas podamos hablar (por cierto, le doy la enhorabuena por su magnífica posición: 5º de la general en el sprint, maquinón). El caso es que, sin mucha más historia, me veo con el neopreno puesto -calentamiento en las aguas turbias del canal, cámara de llamadas, salida del sprint popular y, por fin, me atrevo a decir en voz alta qué nervios al lado de una chica que está ostensiblemente nerviosa y es consolada por amistades y parentela varia. Le digo ¿es también tu primer olímpico? Y me dicen ella y sus acompañantes, qué va si ha hecho hasta medio ironman. Buena prueba de que los nervios nos acompañan a muchos de nosotros en casi todas las carreras y eventos donde vamos... En fin, toca tirarse al agua y empezamos el peculiar rito del triatlón del Canal de Castilla, nos tienen en el agua como 15 minutos hasta que el juez está perfectamente satisfecho con nuestra posición por detrás de la primera boya. Algo similar pasó el año pasado y encima sin neopreno, así que este año lo llevo con más dignidad y menos tiritona. Lo que sigue es lo de siempre: el juez, que con toda ceremonia recita la frase mágica, esta vez entera y sin recortes, triatletas quedáis a las órdenes del juez de salida, el bocinazo y... a nadar. Agua turbia de la que no te permite ver si vas con alguien o tú solo -afortunadamente me instalo en el grupo de cola con unos cuantos compis majetes con los que no paro de intercambiarme empujones, de pies, de brazos, de costado. Vuelta entera a la dársena. Segunda vuelta y nos adentramos en el canal por un recorrido de boyas en las que no aparece ni se distingue la última, la amarilla -estoy empezando a pensar que desembocaremos en el Cantábrico cuando, por fin, aparece algo amarillo, giro, canal abajo, dársena. Sigue el grupete compacto de los empujones -me pego a la pared del canal para poder salir por las escalerillas lo antes posible. Tanto me pego que me raspo una mano. Por fin escalerillas y rumbo a T1. No salgo con globazo pero sí con cierto mareo. Nada comparado con otras veces, así que decido ir con rapidez para la bici tirándome de la cremallera del neopreno. Algo pasa: momento atasco señorita-Escarlata en toda regla. La cremallera del neopreno se ha atascado con la del mono y la cosa no baja ni para atrás. Ni para atrás, ni para adelante, ni para arriba ni para abajo. Por fin, de un super tirón baja todo y consigo empezar a quitarme el neopreno ahí justo delante de la bici, que me mira con los cuernos levantados como diciéndome qué pardillo que eres, chaval. Para cuando salgo de T1 y me monto en la bici ha salido prácticamente todo el mundo, creo que faltan dos o tres. Comienza la bici y me dispongo a disfrutar un extraordinario paisaje de girasoles y de campos castellanos: se trata de disfrutar, sin más remedio, porque me toca hacer los 40 kms más solo que la una -enfrentado al viento en un sentido y decidido a dar un poquito de caña en el otro. Voy subiendo velocidad media, voy dando pequeños tragos al mejunje que me he preparado, voy quitándome los mocos como puedo, voy recordando que quizás lo más duro del triatlón es la bici, voy pensando y repensando, voy mirando girasoles, voy dándole vueltas a la cabeza para intentar quitarme la tremenda idea de que tengo que correr, a tope, 10 kms después de bajarme de la bici. Pero claro, todo llega: entro en T2 con un promedio de bici de 31.9 km/h y con un signo de interrogación en las Mizuno. ¿Seré capaz de correr como yo sé? Lo intento: piernas de madera, malísimas sensaciones, abductores tocados e isquios tirantes. El caso es que no hay otra opción: estoy a un tercio escaso de completar mi primer olímpico así que le digo a las piernas que no se quejen porque ellas también están aquí porque quieren y porque les gusta (de hecho, son ellas las culpables de que yo esté haciendo triatlón a estas alturas de mi vida). Tras unos 5 minutos de carrera desaparecen las malas sensaciones -me veo entero y creo que no voy mal, hago la primera vuelta y en nada de tiempo veo que quedan 4 km, que quedan 2 km y que no queda nada para terminar. Pero esto no es como otros triatlones -en la carrera adelanto tan sólo a 3 o 4 participantes, así que el subidón de otras veces se queda hoy en el tintero. Aun así, entro en meta esprintando y adelantando a otro triatleta -tan tonto soy que, en vez de seguir el sprint hasta el final, me paro en el arco de llegada y no me preocupo de dónde está la alfombra. Así, en vez de aparecer el séptimo por la cola, aparezco en las clasificaciones como el sexto por la cola. En el top ten del coche escoba -en fin. Tras analizar los parciales, no puedo decir otra cosa: resultados muy mediocres tirando para bochornosos...

tiempo total: 2h36'34'', puesto 68º de 73 llegados masculinos, puesto 19º de 23 en mi categoría
agua: 34'28'' (a 2'18'' el 100, puesto 69º), incluyendo (imagino) mi incidente con la cremallera
bici: 1h19'25''  (a 30.22, según mi velocímetro a 31.9 km/h, puesto 71º)
carrera: 42'41'' (a 4'16''/km, puesto 30º)

En resumen, mucho trabajo por delante para mejorar la bici y seguir puliendo el agua. Mucho trabajo para agilizar las transiciones. Como ayer terminé medianamente satisfecho (hoy, con la constatación de los parciales, la satisfacción se me ha visto diluida en el jarro de agua fría de los parciales y los puestos), salvaré algunos muebles de la quema. Por ejemplo, que ya he hecho ocho triatlones. Por ejemplo, que ya he hecho mi primer olímpico. Por ejemplo, que el año pasado hice este triatlón en versión sprint en un tiempo de 1h26'' -pocos cálculos hacen falta para saber que 1h26'' multiplicado por dos da 2h52'': con lo que me sale una mejora de 16' minutos en apenas once meses. Viva el optimismo! De todos modos, como pensar y dudar y tener miedos y respeto es de sabios (creo), me despido con una pregunta-reflexión de las que me cruzaba la cabeza mientras navegaba la Trek entre girasoles castellanos: ¿no seré yo ya demasiado mayor para seguir pensando que tengo todavía margen de mejora en esto? Esto sí que es otra vuelta de tuerca, ¿no?