El diario de un outsider residente en los arrabales del trimundo

martes, 12 de junio de 2012

VII Triatlón Ciudad de Almería: ¿la crónica de una confirmación?

 La gente discute si el triatlón se ha convertido en una gran fiesta o en un gran circo. El domingo pasado, los 500 triatletas, aprendices de triatleta y aspirantes variados que nos dimos cita en El Toyo fuimos la prueba palpable de que algo grande está pasando en la popularización definitiva del triatlón en nuestro país. Puntos positivos, muchos: gran ambiente, mucho entusiasmo, mucha gente realizando su primer triatlón. Puntos negativos: muchos también -me temo que la mezcla de negocio y masificación está dando lugar a pequeños problemas en las competiciones para los que el triatlón no está ideado. Ojo, que no es culpa sólo de las organizaciones de las pruebas; creo que la fiebre está que nos ha entrado a muchos en el mundo occidental viene a tambalear de alguna manera el planteamiento y los cimientos del deporte en sí. Así, recorridos de bici a varias vueltas en los que cohabitan verdaderas máquinas del triatlón con abundantes triatletas del montón y con, incluso, bicicletas de montaña tienen como resultado caídas como las que se produjeron el domingo pasado. Otro tema que vengo observando: por fomentar la participación y favorecer a los deportistas de otras povincias,  las pruebas se colocan a unas horas que se escapan de toda lógica deportiva: el domingo volvimos a terminar la carrera a pie pasadas la una de la tarde. Otra cuestión más: falta de agua en la segunda vuelta a pie. Con la que estaba cayendo... Insisto que esto no es atacar a la organización de este triatlón; en absoluto -lo que vengo a decir es que, viendo estos pequeños detalles que se repiten en todos los triatlones en los que estoy participando este año,  quizás el modelo organizativo de carreras populares que tan bien viene funcionado en carrera a pie no sea trasladable 100 por 100 al triatlón. Y lo dice un eterno aprendiz que se incluye, sin duda, en el grupo que ha venido a masificar el tema. No me siento un estorbo, pero sí parte del problema.
En todo caso, no quería meterme yo en estos berenjenales tan complicados. Lo que quería compartir es que disfruté mucho mi sexto triatlón -el Tri de Almería vino a suponer una especie de confirmación en esta historia en que me he embarcado. Ahora hace justo un año de mi estreno también en Almería y, aunque no me noto ni mucho más rápido ni mucho más fuerte ni mucho más de hierro, me noto que disfruto mucho más y que he cogido una relativa soltura en el funcionamiento de las pruebas y los entrenos de triatlón. Un año en que, de alguna manera, me he reconvertido -he dejado mis viejas aspiraciones de seguir corriendo cuatro días a la semana porque yo soy runner, y he seguido intentando mejorar en bici y en el agua. Con meses de reconversión a mis espaldas me planté en El Toyo sin apenas nervios y dispuesto a disfrutar -ese era mi mantra: disfruta, disfruta, disfruta. Porque sí, porque me gusta hacer triatlón y porque, ahora mismo, una prueba de triatlón me da unos chutes de endorfinas que no puedo comparar con ninguna otra actividad física. En todo caso, se volvió a producir el milagro -por duplicado esta vez porque, después del temporal de poniente que habíamos tenido, el mar calmo que nos esperaba el domingo fue un verdadero milagro. Aparte de eso, nadamos y no nos ahogamos, intenté hacer una bici decente y no me salió mal, y corrí hasta reventar. La única novedad es que mi parcial de bici fue, en cuanto a puestos y media, sensiblemente mejor de lo que venía haciendo hasta ahora: según mi velocímetro la bici me salió a 33 km/h (en un recorrido que pasaba de los 21 kms). Las cosas sucedieron, como no podía ser de otra manera, tras el MOOOOOOOC inicial; me sentí muy cómodo en el agua y recibí menos palos de los que me esperaba al compartir la salida con más de 300 participantes; realicé la primera transición (que incluía un recorrido incómodo de más de 400 metros) con cierta soltura y me incorporé a la bici con ganas de probar a ir más rápido -como acabo de decir no me salió mal (2'30'' más rápido que el mismo recorrido en el duatlón de marzo); la tercera parte fue la repetición de la historia de siempre: pies para qué os quiero y a intentar adelantar puestos todo lo posible. La verdad es que me sigue maravillando poder correr a 3'54'' tras bajarme de la bici... Quizás en eso reside el chute de endorfina que comentaba antes. Al final, entro en meta en 1h23'37'', puesto 178º (de 337 llegados) y 31º de mi categoría. Los parciales fueron los siguientes:
agua: 20'57'', puesto 257 (incluyendo la transición de 400m)
bici: 43'08'', puesto 209 (según mi velocímetro, a 33 km/h)
pie: 19'32'', puesto 51 (a 3'54'' x km)
La novedad, como decía antes, es haber hecho un mejor parcial en bici que en el agua. Hasta ahora había sido tan malo en una cosa como en la otra. Buen avance porque, como ya me he dado cuenta otras veces, donde verdaderamente se sacan buenos tiempos en un triatlón es en la bicicleta.
Del triatlón del domingo destacaría, fuera de lo estrictamente deportivo (o quizás conectado con ello) otras cosas: el componente social del que ya he hablado en otras ocasiones. Disfruté mucho hablando con la gente; gente que he ido conociendo a través de este blog o a través del club. Disfruté mucho viendo disfrutar a otra gente; por ejemplo, gente que hacía su primer triatlón sprint, muchos: ahí estaban Simón, Nuria, Juanjo, Pepe Segura, Emilio, Paco... Muchos más, seguro (enhorabuena a todos). Disfruté mucho, también, con los ánimos del público: por eso, en esta entrada del blog del aprendiz de triatleta, no se me pueden olvidar Lola y su familia, que fueron a animarme (gracias desde aquí a su padre por su estupendo reportaje fotográfico) y que disfrutan con esta fiesta o este circo en que, entre unos y otros, hemos convertido el triatlón. Gracias por estar ahí: público, lectores, triatletas expertos, aprendices y novatos. Yo, aunque Pablo me asegurara en un rato de cháchara final que debo quitarme ya la etiqueta de aprendiz, aunque este triatlón haya sido una especie de confirmación oficial después de un año en esto, sigo aprendiendo...

martes, 5 de junio de 2012

VII Triatlón Ciudad de Cartagena: la crónica de un fenómeno social apasionante

El domingo tocaba hacer el Triatlón de Cartagena -y si algo le quedó claro al aprendiz de triatleta fueron estas dos cosas: hacer triatlón es algo apasionante, no encuentro otra actividad física que me dé tanto subidón ni me energice tanto; quizás por eso, porque realmente es un deporte que engancha, se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Y ese es el segundo tema que constaté: para satisfacción de muchos y para irritación de otros, este deporte, que hasta hace poco era para una minoría de elegidos e iniciados, se ha convertido en un verdadero fenómeno social. Así, la mañana de ayer en Cartagena con toda la parafernalia incluida en el circuito SERTRI, fue una sucesión de pruebas de distintas distancias (flash, super-sprint, relevos, triatlón de la mujer) que intentan popularizar el triatlón, difundirlo y hacerlo más asequible a quienes potencialmente están interesados. También confirmé otras cosas: por ejemplo, que la dimensión social en este deporte tiene una gran importancia (que si clubes que han brotado por todos sitios, que si palos y contacto físico en el agua, que si grupos en el recorrido de bici, que si tertulia post-carrera) -pareciera que el triatlón está pensado para la socialización. Otra cosilla que confirmé: nos da igual ocho que ochenta. Que si retrasan las salidas, que si terminamos triatlones a 32ºC, que si no hay bebida isotónica, que si el asfalto del recorrido está para matarse, que si los oficiales y personal de la organización no informan como es debido... Nada importa: somos felices participando y terminando. No hay más, parece.
El caso es que al final de la mañana y con una serie de retrasos debidos a la actividad del puerto de Cartagena, tuvo lugar la salida de mi segundo sprint de esta temporada.Un recorrido que me sorprendió como, de momento, el más bonito de los triatlones que he hecho. Nadar en el puerto de Cartagena me pareció un lujo. Y el recorrido de la carrera a pie por la muralla también me pareció bastante bonito.
En cualquier caso, creo que andábamos por el principio -bocinazo de salida y a nadar. Nada raro, aparte de la belleza del puerto y de la cantidad de triatletas reconcentrados que íbamos hacia la primera boya. Boya que, por los comentarios de la gente que había participado en años anteriores, estaba a más de 300 metros de la salida, lo que, para algunos, daba como resultado un recorrido de agua de unos 900m. Giro hacia la derecha y hacia la segunda boya. Me encuentro bien y no me despego del grupo en que iba desde el principio. Mucho contacto físico y tiramos hacia la segunda boya. Sin novedad en el frente. Giro hacia la izquierda otra vez y una tercera boya que se hace esperar. Cuando me doy cuenta me he desviado demasiado a la izquierda y tengo que rectificar. En todo caso, ahí que llego a la rampa de acceso al muelle y toca tirar, sin alfombra y evitando resbalarme demasiado, para T1.
A por la bici, que llegamos tarde
Esta vez el neopreno sale a la primera. Me pongo calcetines y zapas con cierta soltura y tiro con la bici para la salida de boxes. Ahí me doy cuenta de que me falta el dorsal. Tiro para atras -una T1 graciosa tirando para desastrosa. Me planto por fin en la línea de salida y una oficial me dice que desmonte y monte más para adelante. Despacito y buena letra. Remonto. Retomo y adelante. Empieza el sector bici. Un recorrido a tres vueltas por un itinerario mayormente llano y lleno de unos baches tremendos. Veo por lo menos un pinchazo y dos caídas. El recorrido también tiene un pedazo de repecho de unos 500 metros que se puede subir a plato pero que hace que la media baje un poco. Claro que luego la bajada, con una curva final que se me antojó un poco peligrosa, hacía que la media volviera a subir. Repetimos por tres veces y tiro para boxes otra vez. Veo que he hecho un promedio de 32.6 km/h. No está mal: vamos mejorando, juas!
T2 y, esta vez sin problemas ni olvidos, me pongo las zapas y salgo a correr. Piernas de madera o de piedra, directamente y rumbo a lo desconocido. Sorpresón del día: el recorrido (a dos vueltas) tiene un pedazo de repecho poco después de la salida con el que no contaba. Subo como puedo y me echo toda el agua que puedo en el avituallamiento. Hace calor. Murallas de Carlos III. Estructuras defensivas y un carril bici que casi nadie sigue (la mayoría atrochando por el césped, qué mal ¿no?). Vuelta a empezar, con repecho incluido. Más agua. Adelanto a gente y me crezco un poco. Quiero llegar a meta lo antes posible y con zancadas vistosas -que se note que uno es un triatleta muy mediocre pero un runner de provecho. Meta. No quedan  camisestas de mi talla. No queda bebida isotónica. Un pedazo de triatlón así, con 500 participantes entre unas y otras modalidades, debería estar más controlado en estos detalles -pero, como decía al principio, nos da igual. Lo importante es que repetimos el milagro: nadamos y no nos ahogamos, hacemos la bici y no nos matamos, corremos y no reventamos. Por todo eso, disfrutamos y somos felices.
Al final, 1h14'45'', puesto 146º de 245 llegados y 23º de mi categoría. El tiempo es muy similar al del domingo anterior en Marbella, aunque hago mejor agua y mejor bici aquí y confirmo que el recorrido de la carrera a pie de Marbella estaba acortado. Contento, aunque sea difícil de creer, con estos parciales:
-agua, 16'04'' (puesto 184º, a 2'09'' de promedio)
-bici, 38'29'' (puesto 187º, a 31.29 km/h, incluyendo la transición)
-carrera a pie 20'20'' (puesto 30º, a 4'04'')
Las mismas conclusiones que en Marbella: voy flojito en bici y en el agua. Voy bien en carrera a pie. Voy disfrutando en las tres cosas, que, al fin y al cabo, es lo que, por lo menos a estas alturas de mi aprendizaje, me importa. Gran triatlón el de Cartagena, buena actuación de algunos de los compañeros del TriAlmería, buena charleta con algún histórico del triatlón almeriense (el gran Ilde, al que hasta el domingo sólo conocía de oídas), buen ambiente tri y mucha pasión. Destaco la ilusión del primer triatlón de Simón que debutó en distancia super-sprint y que ya no podrá dedicarse a hacer las fotos que tan bien hacía. ¡A disfrutar!
Más contento que si hubiera ganado

viernes, 1 de junio de 2012

Próxima estación: VII Triatlón Ciudad de Cartagena

Pues sí, amigos y amigas: la próxima parada en el calendario del aprendiz de triatleta toca en Cartagena. El domingo, si nada lo impide, haré mi segundo tri de la temporada. Esta entrada va a ser, por una vez, brevísima, pero necesitaba comentarme a mí mismo por dónde van mis tiros: después de una semana de entrenos regenerativos y cogidos con palillos (de los que destaco 2000m de carrera a pie a 3'37'' el miércoles y un gustosísimo entreno compartido en el mar con compis del TriAlmería), me apetece desconectar y entrar en modo stand-by para afrontar Cartagena relajado. ¿Expectativas? ¿Estrategia? Ningunas: simplemente terminar con buenas sensaciones como el domingo pasado en Marbella y añadir uno más al baúl de los recuerdos y de la experiencia. Mi plan de hacer cuatro triatlones en cuatro semanas seguidas no tiene ningún fundamento deportivo ni fisiológico y raya en el terreno del competir por competir (si no entra, directamente en el legendario género tonto).. De todos modos, el fundamento mental que yo le encuentro a esos cuatro tris es seguir con el aprendizaje y cerrar, lo antes posible, esta fase I en mi trayectoria de aprendiz. Ahora mismo no sé lo que me pide el cuerpo, pero lo que me pide la cabeza es hacer triatlones. No hay más.

lunes, 28 de mayo de 2012

XV Triatlón Ciudad de Marbella: la crónica de una reconciliación

¿Dónde está Wally?
Desde mi gatillazo en Fuenteálamo llevaba un mes sin encontrarme. Hasta ayer, treinta días enteritos para preguntarme por el por qué de las cosas, por mi relación conmigo mismo y con los demás, por mi relación, sobre todo, con el triatlón. En efecto, un mes da para  mucho, pero para no aburriros resumiré en que muchos de esos días han pintado bastos y el lado de la balanza se inclinaba, con frecuencia, a pensar que, más que gustarme el triatlón y el triatlonear, me había empeñado en que me gustaba la idea de hacer triatlón. En fin: muchas dudas, muchas preguntas y muchos puntos suspensivos. ¿Por qué se me  habrá metido a mí en la cabeza esto de ser aprendiz de triatleta? Una pregunta recurrente en mi historial filosófico-deportivo y cuya respuesta se complicó aun más cuando mi estreno en distancia olímpica en el tri de Los Alcázares se vio frustrado por la suspensión del mismo. En fin: menudo mes.
No os extrañe entonces: llegué a Marbella el sábado por la tarde con una gran ansiedad. Con la cadena y los piñones de la bici tan relucientes que parecían nuevos (cosas de los mecánicos profesionales) y, cómo no, con la idea de que no hay dos sin tres. Mucho más cuando las olas del Paseo Marítimo y de la Playa del Faro en Marbella tenían una fuerza que se empeñaba en ser, cuando menos, curiosa. Nervios, nervios y más nervios: dos cervezas en la noche previa a una competición son la prueba fehaciente de que no me lo acababa de creer.
Pero bueno, las horas pasaron y hubo que llegar al Paseo Marítimo de San Pedro de Alcántara. La hora de la salida de los federados masculinos había sido retrasada hasta las 11.45 -un inciso: comprendo que en un circuito ciclista a 5 vueltas conviene dejar a cuanta menos gente corriendo a la vez como sea posible, pero ¿no parece un poco arriesgado comenzar un triatlón en el Sur de España a esas horas y terminarlo con 32º pasadas la una de la tarde? ¿no parece arriesgado que en el avituallamiento de la carrera a pie escasee el agua o, directamente, no haya? Como decía, la salida se había retrasado, por lo que desde las 9 hasta las 12 menos cuarto tuve tiempo de meditar y remeditar lo ya meditado, de concentrarme y de desconcentrarme, de socializar y volver a socializar con todos los conocidos de Almería... Jose Andrés y Pepe, Alicia y Paco, Antonio, Luis y David,  y, cómo no, Simón en el papel estelar de fotógrafo y utillero pro.
Entre tanta meditación y socialización, salen las chicas -el mar no pinta mal. Oleaje escaso por decir algo. Pasan los minutos. Me pongo el mono -estreno y puesta de corto con mi mono del Club Triatlón Almería. Neopreno y, por supuesto, nos vamos en dirección a la salida. Chapuzón para comprobar que el mar está practicable y para testar de primera mano los pedrolos que adornan la entrada y la salida de la playa de San Pedro. Cámara de salida; instrucciones técnicas y, de buenas a primeras, bocinazo. Pedrolos. Vamos para el agua y empiezan los palos. No entiendo por qué nos damos tantos palos -no somos tantos. La primera boya se ve estupendamente y yo, sin saber por qué y, a la vez, sabiéndolo, me acuerdo intensamente de mi padre. Giro sin problemas y empieza el recorrido paralelo a la costa. El grupo está ya totalmente deshecho y nado con poquitos más. A pesar de eso, siguen los palos -un menda me empuja de costado y me dan ganas de hacerle una ahogadilla y matarlo o, por lo menos, sacar la navaja suiza y rajarle el traje. Llegamos a la boya intermedia. El mar, aquí, engaña: parecía que no, pero el recorrido es un continuo sube y baja que me hace preguntarme si voy a necesitar una biodramina cuando llegue a la playa. Claro, que todavía no he llegado a la playa -la tercera boya se hace esperar y con el trajín y sube y baja de las olas se deja ver poco. Al final llega, giro y sólo queda apuntar para el arco de salida y, una vez en la playa, echarle mucho arte a esquivar los pedruscos. Estamos fuera del agua -vamos para T1. 
Faltan todas las bicis de mis compis de club y veo que voy, como intuía, el último del grupo almeriense. Me lo tomo con calma como en todas las T1 de mi historial: neopreno que se atasca, calcetines, casco, buff y gafas. Zapas y bici. Vamos a rodar. Cinco vueltas a un circuito con sus dos repechos curiosos y sus giros de 180º y rotondas. Consigo ir a un cierto ritmo pero voy más solo que la una. Me cruzo y me pasan varias veces grupetos de triatletas que van no como un tiro, sino como un arsenal completo.
El triatlón y el cicloturismo van de la mano
 Termino sin incidencias a 32 km/h de media según mi velocímetro. Vamos a T2 -otra vez a perder tiempo con unas zapas que no quieren entrar. Pelillos a la mar: ánimo que ahora viene lo bueno. Como en anteriores triatlones, salgo de T2 con las piernas de madera y, a la vez, con ganas de darlo todo y más -después de todo, entro en mi territorio. Recorrido anodino otra vez, ahora a tres vueltas y con mucho calor. Sin embargo, voy a gusto y disfruto. Me cruzo con todos mis compis de club. Intento ir rápido y lo consigo, sigo disfrutando -me veo instalado en mi velocidad de crucero de carreras y, casi sin darme cuenta, entro en meta en 1h14'11''.
Entrando en meta: no sin mi buff!!
 Al final...puesto 122º de 206 llegados, 23º de mi categoría. Los parciales son los siguientes:
-agua, 16'49'' (puesto 146)
-bici, 40'35'' (puesto 147)
-carrera, 16'47'' (puesto 29)
De todo se aprende, sin duda. Y de este triatlón he aprendido que me queda mucho por seguir aprendiendo. Cosas que ya sabía, como que voy muy flojo en bici y que es, precisamente ahí sobre el sillín, donde se pueden sacar buenos tiempos. Que tengo que pulir el tema de las transiciones, eso también. Que sigo corriendo bien. Vamos, las cosas de siempre. Pero lo más interesante que he aprendido esta vez es que el chute de adrenalina y de endorfinas que me produjo el triatlón de ayer todavía me dura a estas alturas de la noche del lunes. Y eso, sin duda, es síntoma de que me gusta hacer triatlones. Así, reconciliado conmigo y con el triatlón, me quedo esta noche.

martes, 22 de mayo de 2012

Deporte popular: sombras y muchas luces

Sí, sin duda lo de Lance Armstrong el fin de semana pasado tuvo algo de épica: te puede gustar más o menos como deportista, pero tras vencer al cáncer, dejar el ciclismo y dedicarse en serio al triatlón, ganar el medio Ironman de Florida tiene su aquel. Debe tenerlo, sí (nunca he ganado un Ironman 70.3 ni lo voy a hacer). Lo que pasa es que esta entrada no está pensada para mayor gloria de Armstrong: está pensada para mayor gloria de la gente normal, los populares. Después de todo, un pro se dedica a esto -tiene su horario, su equipo de especialistas (que si entrenador, que si fisios, que si nutricionista, que si patrocinadores, que si siestas y descanso estructurado -una situación ideal, vamos). Así, se puede, sí. Pero ¿qué pasa con los deportistas populares? El fin de semana pasado pasaron muchas cosas en el deporte popular, protagonizadas por gente que conozco, que me convencieron de que lo que hace un popular vale más que lo que hace un pro. Es mi opinión -muy discutible, pero ahí está.
Y, yendo por partes, el fin de semana pasado lo que ocurrió fue esto: temporal en la Península, lluvias en el Norte, los 10000 del Soplao, Zegama, el Bilbao Triathlon, la Media Maratón de Donosti, el Ironman de Lanzarote, viento de Poniente en Almería... Y todo esto dio mucho juego: sí señor. Ahí tenemos a gente de película que se dispuso a embarrarse hasta las cejas a bordo de una bici de montaña o sobre unas zapas de trail, ahí tenemos a gente que no pudieron terminar porque la cabeza no se lo permitió o porque no llegaron a un control a causa de las inclemencias; ahí tenemos a personas entusiastas que terminaron merecidamente su primera media maratón bajo la lluvia donostiarra; ahí tenemos a gente que estaba mosqueada porque estaban hartos de viento o porque no podían entrenar por el catarro y la congestión; ahí tenemos también a gente que terminaron su segundo medio Ironman en 6 días bajo condiciones climáticas bastante poco propicias, lejos de los focos de Florida y casi sin despeinarse; ahí tenemos a padres de familia que no pueden con las piernas tras bestiales semanas de carga que llevarán a una meta en la isla de Manhattan; ahí tenemos a corredores barefoot que rememoran el Ironman de Lanzarote del año pasado con la misma naturalidad con que lo finalizaron y sin grandes aspavientos. Ahí estoy yo también, haciendo lo que puedo: gastándome una pasta en un estudio biomecánico que me coloque en la bici de tal manera que pueda aspirar a medios ironmanes y a proezas varias; haciendo series en la piscina, series que no merecen llamarse series (devanándome la cabeza para encontrar la piedra filosofal de mi atasque acuático); buscando fechas de triatlones como un poseso para quemar, por fin, esta fase 1 del primer escalón del aprendizaje... Buscando fechas y encontrándolas: un combinado de 4 fines de semana seguidos que puede o no puede llegar a producirse: sprint de Marbella, sprint de Cartagena, sprint de Almería y... ¿olímpico de Málaga?
En cualquier caso, todas estas aventuras y desventuras (toda aventura es el reverso de una desventura, probablemente) vuestras, de otros y otras deportistas populares, mías también, dan cuerpo a esa épica popular de carne y hueso, de sudor y lágrimas, de luces y de sombras. Y estas aventuras y desventuras tan épicas  las aguanta el cuerpo y el cerebro por una sencilla razón: nos gusta lo que hacemos. No hay mejor receta de motivación para cuando las cosas pinten regular, mal o directamente en bastos: si recordamos que hacemos esto porque queremos y nos gusta, todo irá bien. Y, por cierto, hacer esto por gusto es uno de los grandes lujos de la vida. No perdamos eso de vista. Hasta aquí llegamos hoy: un saludo, en especial a quienes estuvisteis compitiendo en el barro, bajo la lluvia y el frío; a quienes entrenasteis contra el viento y a quienes hayáis tenido algún asomo de duda sobre por qué hacer esto. Siempre adelante.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Algunas estrategias cognitivas para deportes de fondo

Un claro ejemplo de falta de visualización que terminó en abandono
 Desde hace tiempo me fascinan los procesos mentales que facilitan los entrenamientos, carreras y burradas varias a las que nos enfrentamos, algunos más que otros, los deportistas de fondo. Llevo un par de semanas decidiéndome a escribir una entrada que entra en el terreno de la psicología deportiva: después de todo, ¿qué hace un aprendiz de triatleta que no es psicólogo escribiendo sobre estos temas? Creo que mi trayectoria más larga como corredor, mi proceso de construcción personal como triatleta y mi formación multidisciplinar como antropólogo me pueden ayudar a comentar algunas cosas que, espero, pueden ser útiles.
El punto de partida, el por qué de mi facinación con los procesos cognitivos que mencioné arriba, es la siguiente pregunta: ¿qué tenemos en la cabeza cuando nos decidimos a hacer deporte? ¿qué pasa por nuestras cabezas cuando nos enfrentamos a momentos duros en competición, en entrenamiento o incluso fuera de esos dos contextos? Creo que si somos un poco más conscientes de nuestras estrategias mentales, las identificamos y aprendemos a usar unas u otras dependiendo del momento, tendremos un punto ganado en ese gran territorio que muchas veces descuidamos en nuestros entrenos y en nuestros entrenamientos: la mente. En efecto, creo que, sin un entrenamiento integral que incluya de alguna manera los factores mentales y psicológicos, si nos centramos tan sólo en la preparación física, tendremos una mesa que cojeará por más de un lado.
En todo caso, me voy a centrar en cuatro estrategias o procesos que tengo localizados tanto en la literatura especializada como en mis propias experiencias: asociación, disociación, visualización y focalización-individualización.
Disociación. Cuando practicamos deporte y disociamos, nos centramos en aspectos externos al deporte en sí. Esta estrategia cognitiva es una especie de mecanismo de defensa cognitivo para aguantar el tipo en deportes de resistencia y de fondo. Si nos centramos en el paisaje, en el itinerario, en la  música que llevamos en el i-pod, en nuestros planes para la tarde o en cuestiones laborales que tenemos que resolver, estaremos usando la mente para, de alguna manera, evadirnos del esfuerzo que supone entrenar o competir. Sin duda, la disociación es más adecuada en entrenamientos o rodajes largos en que no tengamos que centrarnos en la velocidad o el ritmo: por ejemplo, en momentos regenerativos o de rodajes aeróbicos para construir fondo y kilometraje, y, por supuesto, en las recuperaciones en series o sesiones de fartlek
Asociación. Por el contrario, cuando asociamos nos centramos en la técnica, en el ritmo, en la velocidad, en nuestra respiración y en nuestro cuerpo, en todo lo que tiene que ver con los aspectos más intensos y técnicos del deporte que estemos haciendo. Cadencia en ciclismo, zancada y ritmo en carrera a pie, brazada y técnica en natación son ejemplos de tipos de entrenamiento que deberían ir asociados a la asociación. Los deportistas profesionales y amateur de nivel alto asocian en las competiciones, por lo que la asociación es sin duda la opción como estrategia de competición para mejorar tiempos y marcas personales olvidarnos de la música y de otras distraciones externas para centranos, sin más, en hacer lo mejor posible lo que estamos haciendo.
Visualización. Vernos a nosotros mismos como atletas, nadadores, ciclistas, triatletas. Esta es una de las bases del entrenamiento y de la constancia en los entrenamientos. Si no nos consideramos atletas o deportistas, si no nos vemos como tales, difícil será que sigamos adelante en este mundo. Esta estrategia tiene también mucho de visualizarnos en momentos concretos: por ejemplo, si nos cuesta salir a entrenar en un día especialmente duro, puede funcionar visualizarnos al final del entrenamiento con la satisfacción que nos reportará. Otro momento muy adecuado para utilizar esta estrategia es la hora previa a una competición importante: vernos atravesando la meta puede ser una fuente de inspiración y de motivación que nos ayude a enfrentarnos a la competición en las mejores condiciones. Puede sonar a tontería, pero la manera en que nos vemos a nosotros mismos en las distintas semanas, en los distintos días, influye tanto en las competiciones como en los entrenos. Seguro que a todo el mundo le ha pasado: nos hemos puesto la ropa de la bici y viéndonos con el culotte y el maillot nos hemos visto ciclistas algunos días, mientras que otros nos hemos dicho menuda pinta, no me veo. No hay nada como verse nadador y entrar con el cuerpo erguido en la piscina antes de comenzar un entrenamiento. No hay nada como visualizarse en medio de la competición para llevarla a cabo en buenas condicones -si no nos vemos, si no lo vemos claro, si no nos lo creemos es difícil que nos salga bien.
Perspectiva-Focalización. Somos parte de un todo más grande, de una familia, de un club, de un equipo. Nuestras sesiones son parte de un plan. Nuestros objetivos pequeños están encaminados a objetivos más grandes. Nuestros entrenamiento constan, muchas veces, de distintas partes y de distintos bloques. Si no aprendemos a ver las cosas con perspectiva, a medida que nos tomemos los entrenamientos y la actividad deportiva en serio, podemos correr el riesgo de agobiarnos en exceso y de que todo nos sobrepase. Somos lo que somos, nosotros mismos, y no debemos perder nunca el rumbo ni perder tampoco de vista nuestro punto de partida. Creo que el pensamiento de perspectiva puede ayudarnos en una dimensión puramente deportiva: por ejemplo, encuentro muy útil focalizar en el entrenamiento que me toca hoy y olvidarme momentáneamente de los entrenamientos del resto de la semana. Encuentro también muy útil la misma técnica cuando me enfrento a entrenos largos o de series: si empezamos agobiándonos porque tenemos que hacer 15x100m en la piscina, mejor será olvidarnos momentáneamente del número 15 y focalizar en cada una de las series de 100. Creo que este juego de perspectiva-foco, este continuo cambio de perspectiva entre lo individual y lo general, es algo muy a tener en cuenta en procesos de largo recorrido: las planificaciones a largo plazo del estilo de preparaciones para un maratón, por ejemplo, necesitan continuamente de esta estrategia -el todo, sí, pero centrándonos en la parte... Por otra parte, creo que el pensamiento de perspectiva tiene, además, una dimensión social importante: nunca debemos perder de vista que estamos probablemente dentro de uno o varios colectivos (clubes, equipos, grupos de conocidos), pero siempre hay que tener en cuenta que somos importantes también como individuos -no podemos pretender ser otros o tener las mismas  y capacidades que el resto del grupo. Aquí la focalización en nosotros mismos, nuestras propias capacidades y objetivos, es básica. De otra manera, podemos correr el riesgo de frustrarnos y desmotivarnos.
Aquí lo dejamos por ahora -hoy tocaba entrega de psicología deportiva de tres al cuarto. Otro día, más sobre este tema.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Cambios en el calendario -Accidents Will Happen


Cuánto tiempo sin dar la cara por aquí. No será por falta de ebullición mental. Tampoco por falta de entrenos, que la semana pasada terminó la historia en 11 horas y media, cosa que no me pasaba desde, si no recuerdo mal, el verano de 2010 en Segovia. La ebullición mental seguro que está relacionada con mi caótico no-comienzo de temporada tri. Después del gatillazo de Fuente Álamo, se cae del calendario la siguiente prueba prevista, el olímpico de Los Alcázares, que ha sido cancelado con las inscripciones ya hechas y por causas todavía no aclaradas. ¿Qué decir? Pues que si no fuera yo de natural optimista, entre el temporal de leveche de Mazarrón y la suspensión del olímpico, pensaría que estoy gafado o que el mal fario me persigue.
¿Qué más decir? Pues eso, como dice el título y canta Elvis Costello, accidents will happen: a pesar de la planificación, de escoger pruebas desde el mes de enero, de entrenar con tesón para terminarlas lo mejor posible (dentro de mis posibilidades de proto-triatleta), las cosas se pueden torcer y hay que saber lidiar con los imprevistos. Quien intente sacar alguna moraleja deportiva de este blog, la acaba de leer: la vida deportiva (como la vida ordinaria) está llena de accidentes que nos hacen variar el rumbo y sacar las cartas que llevemos en la manga. Yo no tenía muchas de estas cartas, pero buscando buscando, he encontrado un triatlón sprint, el Ciudad de Marbella del 27 de mayo, que viene a suplir a Fuente Álamo; y, rebuscando en el calendario, me he encontrado con el olímpico de Málaga del 17 de junio, sustituto probable del olímpico de Los Alcázares. En el fondo, no hay mal que por bien no venga -miremos el lado positivo de las cosas, always look on the bright side of life (más canciones): más tiempo para entrenar para mi primer olímpico.
Segunda moraleja deportiva de la entrada: manténganse ustedes positivos, optimistas y en el lado del disfrute. Si no, no merece la pena.
Y me da la sensación de que me está fallando este pilar básico: si me comparo conmigo hace un año, no hay ni punto de comparación de disfrute. El año pasado era un pardillo que disfrutaba y tenía una visión idealista de mi posible desarrollo triatlético -ahora, con entrenador, con club de triatlón, con entrenos planificados, con calendario buscado y rebuscado, con mucha gente conocida en el mundillo, no estoy disfrutando ni la mitad. He perdido la inocente candidez del año pasado y, sin duda, estoy pasando por unos meses muy difíciles en los que la sombra de mi padre no me deja ni un minuto. Sé que debo motivarme y seguir pero, francamente, me está costando -tanto es así que llevo dos días de descanso pirata que, más que el cuerpo, me pedía la mente.
Prometo volver pronto por aquí -adelanto que las próximas entradas tendrán que ver con temas de psicología deportiva y de nutrición, dos temas a los que estoy dando un montón de vueltas desde hace tiempo y en los que espero tener algo que aportar. Desinflados y con el calendario trastocado nos quedamos hoy.